La deuda externa es para la sociedad dominicana como cruz a ojo de Lucifer, porque el desenfreno en el endeudamiento ha sido causa de los males mayores que ha padecido la República: la ruina económica de finales del siglo 19, la intervención militar y el tutelaje político de Estados Unidos a principio del siglo XX, y la poblada de 1984, que costó la vida a más de un centenar de personas.
El gobierno de la ocupación haitiana impuso a esta parte tributar 461 mil 309 gourdes, como completivo al pago a Francia de 150 millones de francos, en indemnización por los daños a colonos franceses durante la lucha por la independencia.
Durante el período 1844-1849, el Gobierno dominicano realizó cuatro emisiones en papel moneda por tres millones 325 mil pesos, para sustituir la moneda haitiana y pagar deudas de guerra. Ese endeudamiento repercutiría incluso después de la Restauración. En efecto, José María Cabral y Baz solicitó un préstamo a Estados Unidos por dos millones de dólares para redimir deudas, pero Washington exigió como garantía la venta o arrendamiento de la península de Samaná, a lo que se opuso la mayoría del gabinete restaurador.
Buenaventura Báez gestionó otro empréstito (1868) ante Estados Unidos, también por dos millones de dólares, y presentó la opción de anexión, pedido que fue rechazado por el Congreso de la Unión Americana, por lo que Báez recurrió a la casa Harmont, de Inglaterra, que le prestó 420 mil libras esterlinas.
Los intermediarios cobraron una comisión de cien mil libras, y el gobierno se comprometió a pagar en 25 años, 58,400 libras anuales. Un empréstito neto de 320 mil generó un compromiso de pago por un millón 450 mil libras esterlinas. La garantía hipotecaria incluía los yacimientos de carbón, los bosques de Samaná y las exportaciones de guano.
No tengo espacio para tratar la Convención de 1907 ni el tutelaje económico, político y militar de Estados Unidos, pero esa intervención en las cuentas nacionales se prolongó hasta 1945, cuando se firmó el tratado Trujillo- Hull, de pago total de la deuda externa.
Creo oportuno, sin embargo, exhortar a la ciudadanía a auscultar el comportamiento de la deuda externa, no solo para evitar el desenfreno de los gobiernos, sino también para frustrar cualquier intento de usar para provecho político tan delicado tema por parte de sectores carentes de calidad moral para ello.
El contenido de la conferencia sobre endeudamiento Externo de República Dominicana debería servir como punto de arranque para una provechosa discusión en torno este asunto que, con sobrada razón, la gente teme como el Diablo a la cruz.

