Los dominicanos estamos obligados a monitorear la dilatada crisis económica y financiera de Estados Unidos porque ese país es nuestro primer socio comercial, gran mercado para el turismo e inversión y porque más de un millón de compatriotas residen en su seno, convertidos en fuentes de ingresos de divisas y transferencia tecnológica.
A noviembre de 2010, la balanza comercial de nuestro país con la Unión Americana registró un déficit de dos mil 43 millones de dólares, para un incremento de 50.9% con relación a los primeros nueve meses de 2009, situación que se originó porque las exportaciones crecieron un 9.3%, pero las importaciones aumentaron en un 24, 7 por ciento.
Con la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos RD-Cafta, República Dominicana pasó de tener un superávit en los términos de su relación comercial con esa nación, a ser un exportador neto de capitales, lo que indica que ese convenio ha sido altamente perjudicial para la economía nacional.
Estados Unidos no es la pujante economía que fue hasta mediado de 2007, cuando estalló la burbuja hipotecaria, convertida luego en cruenta crisis financiera y debacle del empleo y la producción, situación que incidirá negativamente aquí.
A pesar de los miles de millones de dólares que la Reserva Federal y el Tesoro han inyectado al sector productivo, la economía no sobrepasa su estado agónico, caracterizado por la pérdida de nueve millones de empleos y en la tardanza en recuperar siquiera parte de ese impresionante paro laboral, que alcanza el 10% de la población económicamente activa.
El problema en la lenta recuperación económica radica en el déficit de confianza. Los ciudadanos culpan a las autoridades y al sistema financiero de la pérdida de sus viviendas. La gente en Norteamérica se ha alejado del crédito por temor a que se repita o se agrave el crack que la llevó a la ruina; es por eso que la familia ahora ahorra más y gasta menos, al punto que disminuye su participación en el mercado a razón de siete mil millones de dólares por mes.
A pesar de que, en el ámbito manufacturero y a nivel de exportaciones, la economía estadounidense marcha hacia una relativa recuperación, la crisis del empleo, consumo y viviendas, actúa como ancla que impide su movilidad. Para recuperar niveles de empleo anteriores a la crisis, se requiere crear 330 mil puestos cada mes, por un período de cinco anos.
Millones de estadounidenses son prisioneros dentro de viviendas que no pueden vender, traspasar o devolver a los bancos, porque su valor es significativamente inferior al de la hipoteca, un sector que tardará muchos años en recuperarse. Ojalá que el tema de la crisis de Estados Unidos se incluya en el debate político y en la agenda del Gobierno. Esos vientos vienen con fuerza de huracán.

