El Gobierno del presidente Danilo Medina cumple cien días sin que se le haya conferido un minuto de tregua porque ha sido objeto de ataques y críticas desconsideradas desde antes de bajar la mano derecha con la que prestó juramento ante la Asamblea Nacional, el 16 de agosto pasado, pero a pesar de ese bombardeo, la población percibe que él encabeza una gestión responsable que destila certidumbre.
La evaluación de ese primer centenar de amaneceres debería estar a cargo de la juventud dominicana, el segmento poblacional mas prístino, heredera de de la sensibilidad y arrojo de los mayores en la lucha por la consolidación de la democracia, pero también de sus temores y angustias ante tanto episodios de frustraciones políticas.
Los jóvenes son depositarios directos e indirectos de todos los efectos que producen las políticas públicas, porque todo lo que acontezca en la familia y la sociedad se anida en sus tempranos sentimientos con vocación a consolidar lo que será su conciencia de futuro.
A esa juventud hay que preguntarle si el gobierno de Danilo en su poco más de tres meses no llena las expectativas en términos de corregir lo que está mal, continuar lo que está bien y hacer lo que nunca se ha hecho.
Convendría solicitarles a los jóvenes de hoy que enumeren al menos diez de las principales iniciativas encaminadas por el gobierno en cien días y que valoren si en verdad valen la pena o pueden definir el perfil de un régimen socialmente revolucionario y políticamente ético.
Las presentes generaciones están compelidas a juzgar a Danilo por su programa nacional de alfabetización, con el que procura que Naciones Unidas declare a República Dominicana en 2014 libre de analfabetismo, o su programa nacional de titulación de terrenos e inmuebles rurales y urbanos, o el que refiere a la promoción de la Micro, Pequeña y Mediana Empresas.
Al presidente Medina hay que evaluarlo por su resuelta decisión de disminuir el gasto público en el equivalente de un 2.2%, cumplir con el 4% a la educación, que significan 45 mil millones de pesos adicionales y mejorar sustancialmente la calidad de la inversión pública, o de prevenir la prevaricación por vía de estrictos controles en la ejecución de obras públicas y adquisición de bienes y servicios por parte del Estado.
La juventud debería saber que la democracia política consolida raíces con Danilo que los muchachos que se incorporan a la denuncia social o a la actividad política, en vez de represión y desaliento, encuentran garantía plena a sus derechos individuales y difusos.
Los jóvenes no deberían permitir que gente con odio en la vesícula, enfermos de frustraciones los usen como carne de cañón en redes sociales o plazas públicas para impulsar sus propósitos mezquinos, a veces cercanos a la sedición, porque contrarios a esa gente que arrastran los pies, Danilo ha demostrado en cien días que su aspiración mayor es promover una más justa redistribución del ingreso.

