Opinión

A rajatabla

A rajatabla

Por múltiples razones, la principal permanecer en el Poder, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) está obligado a garantizar un adecuado clima de  convivencia interna basado en el principio de unidad en la diversidad, donde  líderes y dirigentes cohabiten en un ambiente de  respeto y apego a estatutos y principios.

Aunque  el PLD es aún una organización  de preeminencia pequeño burguesa y  afectada por vicios políticos propios de ese sector social  (oportunismo, arribismo, indisciplina, improvisación, criticismo, grupismo), se han  asentado y desarrollado en su seno elementos provenientes de la burguesía y de procedencia oligárquica.

En términos políticos, el movimiento obrero ha estado por muchos años en condición agónica, a pesar de que la economía ha crecido más de un siete por ciento en promedio, lo que  se explicaría porque  los servicios  han estado a la cabeza de ese crecimiento, en tanto que la industria, agroindustria y minería no han sido los mayores aportantes del PIB.

La burguesía ha tenido un significativo avance, impulsada por  la acumulación  de capital, progreso que se refleja en el campo político con  el ingreso a los partidos de  connotados miembros de ese sector, aunque   los gremios empresariales parecen todavía  dominados por  elementos de una refortalecida oligarquía (auge del sector financiero,  servicios e importaciones.)

En los tiempos de Juan Bosch, la oligarquía privilegiaba su relación con  la guardia, la Iglesia y la Embajada, pero  ha entendido  que  sus carteras e influencia  dan y sobran para  comprar o alquilar a los partidos del sistema y mantener  supremacía sobre el aparato del Estado.

Aunque el PLD  muestra la misma infección, la cepa oligárquica se ha desarrollado con mayor  fuerza en el PRD.

La enfermedad del PLD es de otra naturaleza, aunque  produce  daños similares a los que  sufre el PRD,  que ha  extraviado su norte, secuestrado por una dirigencia que  impone intereses excluyentes y minoritarios. El partido morado está afectado por la voracidad individualista de  muchos pequeño burgueses que pretenden subir  al pináculo social y económico montado en un elevador expreso.

Los auténticos líderes del PLD, encabezados por el presidente Leonel Fernández, están obligados a  suministrar tizana de los principios legados por Bosch para  controlar la fiebre de  tantos dirigentes y militantes deseosos de sacarse la Loto.

El Comité Político del PLD no  puede ni debe ser una cooperativa de intereses, sino la representación genuina de una organización fundada por Bosch con la tarea esencial de completar la obra inconclusa de Juan Pablo Duarte. El pueblo  no perdonaría nunca a la dirigencia del PLD, si por excesivas ambiciones políticas vende o alquilan esa organización a la oligarquía, que ya usufructúa al PRD.

El Nacional

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