Opinión

A rajatabla

A rajatabla

Aunque la política representa civilidad y la guerra barbarie,  ambos quehaceres humanos  se sustentan sobre similares fundamentos relacionados  con el arte del combate, táctica y estrategia en los distintos escenarios de batalla, con  el propósito de avanzar y crear las condiciones objetivas y subjetivas para  triunfar en la contienda final.

Es verdad que se puede perder una batalla sin que  se descarte la posibilidad de ganar la guerra o sin que  se agriete de manera sensible la moral de las tropas, pero cuando ese revés se produce por  una clara equivocación del alto mando o del comandante en jefe, entonces, las posibilidades de  avanzar y ganar  en el último choque se vuelven remotas.

La disquisición viene  al caso para apuntalar el grave error o imprudencia política  en que incurrieron quienes dentro del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) montaron una escaramuza política  en el escenario de  disputa o aspiraciones por la Alcaldía de Santiago, en franca contradicción  con la estrategia electoral previamente trazada por la dirección del Partido.

Se sabe que el PLD diseña un tipo de alianza electoral con el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) que se prolongaría hasta  la segunda vuelta de los comicios del 2012, por lo que no se entiende que alguna corriente al interior del PLD ponga en peligro  esa estrategia con una sublevación en una comarca del imperio.

La alianza PLD-PRSC se basa en principio en que ambas fuerzas políticas retendrían las plazas electorales que  ya dirigen, entre las que  figura la alcaldía santiaguera,  cuyo alcalde actual es el reformista José Enrique Sued, por lo que  resulta un contrasentido político pretender  asaltar ese bastión, máxime si no representa  obstáculo para la consecución de los objetivos  intermedio y final.

Juan Bosch asimiló y  adaptó  como  principio básico de acción política en el PLD la regla dialéctica de que  un caso particular puede servir de referencia, pero en ningún modo el interés sectorial puede imponerse al Partido ni a su estrategia política.

Cualquiera de los   peledeístas de Santiago que aspiraba a  dirigir el municipio supera con creces, en términos gerenciales y ético, al incumbente reformista, así creo yo, pero el interés de  esos dirigentes o de sus mandantes no puede estar por encima  del interés del Partido, claramente definido alrededor de una alianza electoral con el PRSC.

Es por eso que sostengo  que los  dirigentes que al interior del PLD auspiciaron esa aventura incurrieron en un grave error de consecuencias impredecibles para sus propios propósitos. Por suerte el Comité Político apagó  una candelita que pudo encender la pradera.

El Nacional

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