Opinión

A RAJATABLA

A RAJATABLA

A mediado de 2010, cuando el Fondo Monetario Internacional (FMI) volvió a colocar sus ásperas manos sobre el cuello de la economía dominicana, al poner el fin del programa anticíclico basado en promover la inversión pública y ordenar drástica restricción del gasto, se colocó a la nación en punto de inflexión de lo que se avizoraba como una crisis de grandes proporciones, matizada por parálisis del aparato productivo y desestabilización macroeconómica y obviamente, recesión.

En ese momento, cuando también se incrementaron los precios  del petróleo  y de materias primas de origen agrícola, República Dominicana estaba en igual o peor  condición que el drama que sufre hoy España, que cerró 2011, con 5.2 millones de desempleados y agobiada por una crisis  de la deuda sin precedentes.

El asunto era muy sencillo: el FMI reclamó del Gobierno como condición para  continuar con el acuerdo Stand by, de finales de 2009, transferir a la CDEEE casi mil millones de dólares; 14 mil millones al Banco Central, lo que obligaba a detener  las obras de infraestructura en proceso y a cesantear de un plumazo a más de cuatro mil trabajadores y técnicos de la construcción.

Se paralizarían la construcción de los puentes, túneles y elevados que  constituyen el Corredor Duarte, la autopista El Coral, el Acueducto Hermanas Mirabal,  la Autopista a la Terrena, presas y otras obras básicas que quedarían como  ruina y ejemplo de  crisis, desempleo y fracaso.

Tal situación repercutiría negativamente  en el consumo y en la industria, el comercio, lo que a su vez crearía las condiciones para  estallidos sociales, tal como ocurre en la Madre Patria, con el movimiento de los Indignados que se amplió en 2011, con 600 mil nuevos desempleados.

En vez de asumir el designio del FMI, el presidente Leonel Fernández recurrió a una alianza con  el sector privado vinculado a la construcción con  el que acordó continuar  el formidable programa de construcciones.

La Comisión Económica del PRD denunció que el Gobierno había violentado el tope del déficit  fiscal impuesto por el FMI, en una forma de “chivateo”, sobre la base de falsedades, con el interés de evitar que se ejecutara el programa de construcciones que también incluye la segunda Línea del Metro.

Fernández y su gobierno lograron evitar que la economía dominicana cayera por el abismo donde se encuentran las finanzas españolas, con una tasa de 22.8% de desempleo y derrumbado su  estado de bienestar.

Un funcionario de alto nivel del  FMI  ha revelado que  se trabaja en una ampliación del acuerdo Stand by, bajo otra modalidad, lo que quiere decir que  el Gobierno cumplió en gran medida con las duras exigencias  del Fondo. Dicho de otra manera: Pudo salir salió de abajo de la patana en marcha.

El Nacional

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