Inmerecido trato
Lo dicho por el embajador de Estados Unidos, Robert Fannin, ante la Cámara Americana de Comercio, constituye una clara intromisión en asuntos del exclusivo fuero nacional, Por tanto, son justificadas las reacciones del presidente Leonel Fernández, al resaltar el estado de derecho, seguridad jurídica y optimo clima de para la inversión en República Dominicana, y del titular del Senado, quien ha sugerido al diplomático voltear rostro hacia la grave crisis de valores en Norteamérica.
El embajador Fannin emitió severos juicios de valores sobre el desempeño de Gobierno y sociedad ante temas tan delicados como corrupción, narcotráfico y Estado de derecho y ubicó al país entre los más atrasados de América en esos renglones.
No es común que un diplomático emita ese tipo de censura pública ni que afirme que ninguna autoridad cuenta con independencia para castigar la corrupción de manera no partidista, porque ese tipo de queja o denuncia se tramitan al gobierno anfitrión a través de notas a la Cancillería.
Ante tan extraño destape del embajador americano, el presidente Leonel Fernández ha cumplido con su deber en defender el estado de derecho y de seguridad jurídica que afirma garantiza su gobierno, así como proclamar que la nación es viable y confiable para la inversión extranjera.
Aunque fuerte, resulta comprensible la reacción del presidente del Senado ante la extravagancia del embajador Fannin, a quien acusa de incurrir en una intromisión descarada e intolerable, porque lo que esencialmente se objeta del diplomático no es lo que dijo, sino la vía que usó para exponerlo.
En el caso del embajador Fannin, la intromisión resulta hasta risible, porque todo lo dicho por el diplomático sobre estado de derecho, transparencia, corrupción, narcotráfico y ética gubernamental parecía dirigido al propio gobierno de Estados Unidos y a sus élites financieras.
En su charla con motivo del Día Acción de Gracias, Fannin debió poner de ejemplo a Estados Unidos en relación a la economía de casino o desbordada especulación con papeles financieros en Hall Strett que ha sido causa básica de la gran crisis económica mundial.
Quizás debió referir también que 15 principales ejecutivos estadounidenses de entidades financieras quebradas percibieron cada uno más de un millón de dólares en dividendos y beneficios o a los ejecutivos de la Aseguradora A y G que dilapidaron más de 450 mil dólares en un hotel de playa al otro día de que esa quebrada entidad recibió fondos estatales por 80 mil millones de dólares.
Las declaraciones del presidente Fernández y del titular del Senado se justifican ante una clara intromisión en asuntos doméstico en que ha incurrido el distinguido diplomático, y porque el enviado estadounidense no resulta el más indicado para dar manotazos sobre los glúteos de la nación.
Estados Unidos insiste en presentarse como obligo de la moral y censor del mundo, a pesar de que la humanidad, en cierta medida, padece hoy los efectos de una cruenta crisis económica, causada básicamente por un modelo económico apoyado por Washington promueve el libertinaje de los mercados.
El gobierno ni el pueblo dominicano merecen ni aceptan el tipo de valoración que ha pretendido endilgarle el embajador de Estados Unidos, porque aquí prevalece un estado de derecho, con garantía jurídica a las inversiones y se combate, aunque con limitados recursos, flagelos de este siglo como la corrupción y el narcotráfico.
(orion_mejia@hotmail.com)

