Opinión

A rajatabla

A rajatabla

El precio del barril de petróleo superó la barrera de los  cien dólares, lo que significa que  de nuevo se enciende la luz roja que  advierte  que sobre la economía dominicana se ciernen peligros mayores y urge blindarla ante el inminente paso de otro huracán de crisis financiera global, esta vez originado en la inestabilidad política  en Poniente de África y  Levante de Oriente.

Los pronósticos sobre  niveles de precios del crudo oscilan entre los 150 y 300 dólares, entre lo trágico y lo peor, para economías como la nuestra, muy dependiente  del mercado de Estados Unidos, inmerso en una crisis.

La semana  pasada, el presidente Leonel Fernández previno a la nación sobre el impacto devastador que tendría para las finanzas nacionales la escalada alcista del petróleo y de materias primas básicas de origen agropecuario, como  el maíz, trigo y sorgo y advirtió que  la economía no tendría cómo reaccionar en caso de que  el precio del carburante se infle a 300 dólares el barril.

El mandatario abordó tan lúgubres premisas con su gabinete económico, y convocó al Consejo de Ministros para  definir las medidas de prevención, basadas en ahorro y  control del gasto público.

A pesar de la advertencia presidencial y de los  nubarrones que ya se   avizoran, la ciudadanía no  se reputa como enterada  y el sector productivo presiona para que se atisbe la carga hacia un solo lado, sin reparar en el riesgo de que la nave se hunda si se ladea por falta de equilibrio.

Uno de los líderes gremiales advirtió que  el sector productivo no aceptaría ninguna  iniciativa que pueda “afectar la competitividad  empresarial”, con lo cual se adelanta objeción a la revisión de las exenciones, exoneraciones y otros gastos tributarios, ascendentes a 104 mil millones de pesos anuales a favor  del empresariado.

Ojalá que  para garantizar esa mentada competitividad, no se le ocurra a  alguien  pedir que se  sacrifique la inversión en el Programa  Solidaridad, que representa  24  mil millones de pesos, porque sería como enseñar al burro a no comer, en la seguridad de que se moriría de hambre.

El Gobierno está  obligado a  enseñar con el ejemplo y aplicarse a sí mismo un torniquete que impida  el gasto superfluio y el dispendio de combustible, aunque  a la sociedad toda está compelida al ahorro y a la moderación, si se desea que la economía  sobreviva al paso del ciclón que se ha formado en África y Oriente.

La clase política no debería montar un carnaval o mercado de pulgas  con  intención de sacar provecho a  tan aciagos  momentos, aunque  es su deber  promover un debate transparente y responsable en torno a las medidas a tomar para  disminuir  el previsible impacto negativo de la renovada crisis global, que puede significar un frenazo al crecimiento y generar más pobreza y desempleo.

El Nacional

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