Para saber si es imperioso que el sector productivo y la población ingieran como remedio el brebaje impositivo que el presidente Danilo Medina define como trago amargo, es menester ilustrar a la ciudadanía sobre el nivel de la enfermedad que padece la economía y el riesgo de que se agrave el mal que el gobierno pretende aliviar con esa reforma fiscal.
El cuerpo económico de la nación sufre una aneja enfermedad que se expresa con constante reducción de los ingresos tributarios, que a su vez generan déficit fiscal, que es afrontado por vía del endeudamiento, lo que obviamente genera un círculo infernal matizado por baja fiscalidad y elevado endeudamiento.
En 2012 los ingresos previstos se cayeron en 35 mil millones de pesos, equivalente al dos por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), a lo que se suma el déficit inicial estimado de 22 mil millones de pesos, igual al uno por ciento del PIB. Solo por esas dos causas, el déficit se elevó al tres por ciento del PIB (57 mil millones de pesos).
La otra herida grave en el Presupuesto Nacional, lo representa las transferencias al subsector eléctrico, que este año superaron los mil 400 millones de dólares, superior al dos por ciento del PIB, lo que dispara el déficit por sobre cinco puntos porcentuales del Producto Interno Bruto.
La decisión del gobierno anterior de concluir cientos de obras de infraestructura con una modalidad de financiamiento a cargo de factura de los contratistas, elevó el déficit fiscal casi el 7% del PIB, aunque debe resaltarse que ese programa de terminación de autopistas, elevados, túneles, universidades, hospitales, escuelas, acueductos, viviendas, presas y caminos vecinales impidió que la economía cayera en situación de recesión.
Ese déficit ha sido inflado básicamente por las bajas recaudaciones y la crisis del sector eléctrico, aunque también por el programa de terminación de obras de la gestión anterior que no puede calificarse como una iniciativa perniciosa, aunque sus resultados financieros se expresan por vía del incremento del endeudamiento.
No estoy calificado para evaluar el contenido de la reforma fiscal propuesta por el Gobierno, pero creo que, con el concurso de todos los sectores sensatos de la sociedad, debe consensuarse un modelo de reforma que garantice reducir el déficit por una combinación de reducción del gasto, que las autoridades han logrado bajarlo en 1.9% del PIB, con el incremento de los ingresos en el menos 3.5 o 4% del PIB.
El mejor remedio para esta peligrosa enfermedad es conjurar el círculo infernal de baja recaudación, alto déficit fiscal y mayor endeudamiento, componentes de una bomba que si llega a estallar destruye la sostenibilidad económica en mil pedazos.

