Opinión

A rajatabla

A rajatabla

En una reunión de buenos amigos se debatió el tema de si Margarita Cedeño debía  o no someter  a la justicia al individuo que leyó por televisión unos papeles según los cuales  ella tenía  depositado una fortuna  en un banco  de Dinamarca. La mayoría de los presentes  era de opinión que la Primera Dama no hiciera caso a esa infamia.

Yo, en cambio expuse la necesidad de que  ese infundio fuera  enfrentado con firmeza, no por  el excremento vertido sino por la cloaca improvisada para   desparramarlo, pero también  dije que si  la doctora Cedeño dejaba pasar por alto esa falacia,  se estaría  juramentando en el club de los políticos tradicionales y negaría la naturaleza de su creciente liderazgo.

El doctor Ramón Font Bernard (qepd) recomendó una vez al presidente Leonel Fernández que para lidiar con tantos intereses políticos y económicos debía aprender a tragarse sin eructar un tiburón podrido, con lo que quiso decir que   debía prepararse para  recibir todo tipo de ofensa sin reaccionar de manera emotiva.

En verdad, Leonel aprendió la técnica, porque  su liderazgo  corresponde a un período histórico  en el que las instituciones   eran todavía muy endebles y se requería de una gran coraza para evitar que un gobierno sucumbiera  en las fauces de los intereses de grupos poderosos.

El liderazgo de Margarita no es propiamente  político, sino social, por tanto, las reglas de su  sustentación, fortalecimiento y expansión son otras, Es  basado  en valores como la ética, sensibilidad y solidaridad, por lo que ya no es necesario comerse el tiburón podrido.

Políticamente, Margarina no nació  en un coliseo ideológico. Su liderazgo se forja en la era  de la Internet  y la información, que más que las diferencias ideológicas, privilegia los valores que promuevan igualdad, equidad, respeto a la ley y protección del medio ambiente.

No por solo por ser  candidata vicepresidencial,  sino también por ser una mujer que encarna un nuevo liderazgo, Margarita debía  actuar como lo hizo frente  a la calumnia vertida por un mandadero, que, en  el fondo, procuraba descalificarla moralmente  e inhabilitar el tremendo carisma que posee para movilizar multitudes alrededor de una intención de voto.

Demostrada la falsedad de una imputación sobre la que el candidato presidencial de la oposición se hizo eco como si fuera su fiesta de cumpleaños, algunos amigos sugieren que  Margarita retire su  decisión de demandar  al mensajero de la infamia, basado en el criterio de que nada más  tiene que demostrar.

Permítanme disentir de  ese   criterio. Opino que  la doctora Cedeño debe llegar hasta el final, para  sustentar la validez de su liderazgo y para  que la sentencia posible  sirva de ejemplo a quienes han construido cloacas para convertir  la sociedad dominicana en su propio retrete.

El Nacional

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