El presidente Leonel Fernández, como el personaje del Gabo, no tiene quien le escriba, o muchos escribanos intentan de cotidiano desdibujar su imagen de estadista que intenta destrabar las amarras que retienen a la nave nacional en el puerto del subdesarrollo. Se le presenta ahora como un gobernante que desdeña la educación, en cuyo sector no invierte lo suficiente.
En un gráfico publicado, la curva ascendente indica que durante los gobiernos de Fernández se ha invertido más en el sector educativo que en cualquiera otra administración, aun sea con respecto al monto del Presupuesto del estado o con relación al Producto Bruto Interno (PIB).
A mí me consta que el Presidente ha elogiado el mentado movimiento ciudadano de las sombrillas amarillas, que reclama el 4% del PIB para la educación, al estimar como trascendente que la población se movilice alrededor de temas o consignas de ese tipo.
El doctor Fernández ha dicho en privado- y ojalá lo repita en público- que la calidad de la educación debe garantizarla el Estado, cueste lo que cueste.
Todos saben o deberían saberlo que no es posible aplicar en un año una ley que, como la del 4% del PIB para la Educación que data de 13 años y entraña 45 mil millones adicionales, de un Presupuesto como el de 2011 que entre reducción del financiamiento y apropiación de partidas para el Banco Central y el sector eléctrico, tiene comprometidos 45 mil millones.
Aun así, la partida al sector educativo se incrementó en seis mil millones y se agregó una adenda que consigna el 30 por ciento del excedente presupuestal para construcción y reparación de escuelas.
Lo que Fernández dijo es que no hay probada relación entre inversión y calidad.
El Informe 2010 del Programa Internacional para Evaluación de Estudiantes o Informe Pisa, que se realiza cada tres anos, y evalúa a más de diez mil estudiantes en todo el mundo, ha demostrado cuánta razón tiene el Presidente.
Pisa 2010 ha avergonzado al Reino Unido, cuyo Gobierno ha duplicado el presupuesto a la Educación, a pesar de lo cual ha descendido diez puntos por debajo de Polonia y Estonia, dos naciones que asignan al sector es de menos del 4% del PIB.
Francia destina un 6.8% del PIB a Educación, pero la calidad retrocedió en comprensión de la lectura y matemáticas.
Aquí, el Segundo Plan Decenal de Educación, se iniciará pronto y se aplica un programa de entrenamiento docente (Aprendamos a Pensar), regenteado por la Universidad de Harvard, y otras iniciativas por la calidad de la enseñanza.
El asunto es más complejo que reclamar lo imposible, sin contribuir a que se inicie una verdadera revolución educativa, comenzando desde el seno familiar, como ha sido desde hace 15 anos, el planteamiento y el accionar del Presidente.

