Opinión

A Rajatabla

A Rajatabla

El equipo económico  del Gobierno debería afinar puntería para no transmitir a las fuerzas productivas ni a la población señal borrascosa sobre  el estado de la economía, menos aún cuando el capitán del barco maniobra para arribar a puerto seguro en medio de la tormenta que genera la crisis financiera mundial.

Entre funcionarios del área económica se entrecruzan versiones y opiniones que en vez de  despejar, enrarecen el ambiente, como las referidas a la necesidad o no de negociar otro acuerdo con el FMI o de  aplicar nuevos impuestos para afrontar la caída  en las recaudaciones.

Lo primero es que  el ciudadano ordinario debería estar mejor orientado sobre  el diagnóstico que se ha levantado en torno a los efectos  sobre la economía dominicana de la crisis global, que lógicamente no ha sido ni remotamente parecida en intensidad y daño al impacto padecido por otras economías emergentes.

Se sabe, por ejemplo, que la base de sustentación del ensamblaje económico nacional no  estuvo ni está atado al epicentro de la crisis  que afloró en estados Unidos a principio de agosto del 2007, porque ninguna empresa nacional participa en Wall Street y porque la banca  dominicana no está ligada en activos ni en transacciones con  el gran capital financiero estadounidense que se  desplomó de un día para otro.

La bolsa de valores local apenas transa con  papeles y tipos de letras comerciales, pero no con acciones, por lo que las quiebras bursátiles de Nueva York  y Londres no afecta a las empresas dominicanas, contrario a lo sucedido en Chile, Argentina y Brasil, para sólo citar tres ejemplos.

La banca extranjera en República Dominicana (Citi y Scotia) apenas representan el seis por ciento de los activos totales del sistema, en tanto el banco del Estado (Reservas) posee el 28 por ciento, lo que indica que la quiebra bancaria en Estados Unidos no tiene  ningún impacto sobre sus pares locales, al revés de cómo ha ocurrido en otros países donde gran parte de la banca se ha ido a pique como efecto dominó.

Las economías contagiadas por ese virus muestran  dificultades básicamente en  sus mercados bursátiles, sectores financieros, hipotecarios y, como reflejo global muestran altos índices en perdidas de empleos y quiebra del sector industrial.

La crisis global ha afectado a la economía dominicana por el lado de las remesas, zonas francas y turismo, cuyo descenso en términos de ingresos de divisas supondría unos 500 millones de dólares en pérdidas para ese año, en el peor de los escenarios globales, cuyo impacto negativo quedaría conjurado con el incremento sostenido en la inversión extranjera, que para esta año  se estima en unos  dos mil millones de dólares.

Estos son los datos que sustentan el criterio  del Banco central de que la economía crecerá  en 2009 un tres por ciento y que, por tanto no está ni estará en recesión, aunque su nivel de crecimiento sería el menor en todos los años de gobierno del presidente Fernández, durante los cuales,  el PIB ha crecido en promedio por  encima del ocho por ciento.

¿Por qué entonces, funcionarios del equipo económico hablan de acuerdo con el FMI o de nuevos impuestos?

Con relación  a la polémica de si procede  o no  aplicar más impuestos, la respuesta debería ser que ni una cosa ni la otra, porque lo que  debería  hacerse, y para eso se requiere de un gran acuerdo político, improbable por ahora, es recomponer la política tributaria, para que  la carga mayor recaiga sobre la rentabilidad y fortuna, en vez de sobre el consumo y los salarios.

La administración tributaria ha sido más que eficiente en las recaudaciones por Itebis y otros impuestos al consumo o  transferible a los consumidores, pero prevalecen  altos niveles de evasión o exclusión  en áreas relacionadas con tributos con movimientos de capitales y beneficios.

Todos los caminos parecen señalar al Fondo Monetario como salida coyuntural a una crisis de origen estructural, porque  no será posible instaurar un estado fuerte y solidario, si todo el costo del crecimiento y desarrollo se arriba sobre la clase media y los trabajadores, mientras  el gran capital evade o se niega a pagar impuestos.

El Nacional

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