Son muchos los expertos en marketing político y campañas que asesoran a candidatos y partidos en el diseño de discursos y estrategias con miras a convencer a los electores, pero por lo que se ve, se escucha y se lee, esas asesorías en la mayoría de los casos culminan en fracaso.
La mayoría de esos técnicos no comprenden el mercado electoral nacional o los candidatos y dirigentes no aplican las recomendaciones que se les formulan, a juzgar por los disparates que cometen en la emisión de mensajes.
El Partido Revolucionario Dominicano (PRD) es el más afectado por este mal. Ha contratado a estrategas foráneos con experiencia de asesoría a candidatos presidenciales en Estados Unidos, Europa y América Latina, por lo que hay que colegir que el problema está en los alumnos, no en los maestros.
La estrategia electoral del PRD parece basada en atacar los flancos de mayor fortaleza del gobierno y del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), como el desempeño de la economía, ejecución presupuestaria y endeudamiento externo, aspectos difíciles de cuestionar, y que constituyeron grandes debilidades de los gobiernos del PRD.
El presidente del PRD centra su discurso en el señalamiento de que el país es asolado por una plaga morada, y en anunciar que el gobierno aumentará los impuestos y la tarifa eléctrica. Esto se revierte contra su organización, en razón de que el último de los gobiernos blancos padeció una epidemia económica que afectó lo fiscal, lo monetario y el sector eléctrico.
En vez de un discurso propositivo, los estrategas del PRD asientan su campaña en la incertidumbre o el holocausto, sin darse cuenta que los hechos son tozudos y la economía retoma el sendero del crecimiento, con las variables monetarias estables.
El de la corrupción parece el tema electoral de mayor rentabilidad para el bando del PRD, pero su manejo ha sido torpe, especialmente con la campaña del barrilito, en la que, sin proponérselo, han incluido a legisladores suyos, amén de que un tema de esa naturaleza ha debido ser enriquecido con algún expediente criminal.
Como quien pretende dar palos a ciegas, los estrategas del PRD asumieron el tema de la Barrick Gold, provechoso a los intereses de sectores ecologistas y de izquierda, pero inoportuna para un partido del sistema que objeta la inversión de más de tres mil millones de dólares y pone en riesgo la seguridad jurídica a los capitales.
La campaña electoral perredeista se presenta como difusa e incongruente, como lo demuestra la contrariedad manifiesta en el discurso de algunos de sus dirigentes, que sostienen que el país se cae a pedazos pero, en su rol de empresarios, invierten centenares de millones de pesos en levantar modernas plazas comerciales, que dibujan más a un país en progreso que a una sociedad en bancarrota.

