Los partidos de oposición, encabezados por el PRD, deben abstenerse de participar en las elecciones presidenciales de 2012, a menos que sea modificada la presente Ley Electoral y sustituidos los jueces que arbitraron el pasado proceso comicial.
No están dadas las condiciones para un libre proceso, ordenado y transparente, sin el daño que representa una Junta parcializada, carente de autoridad y de responsabilidad, como ésta.
Pone los pelos de punta el dato aportado por Nuria Piera, de que el número de votantes a favor del PLD está muy por debajo de la cantidad de peledeistas en nominillas de organismos estatales.
Han sido desplegados los medios de fraude más deplorables para alterar y manipular unas elecciones de medio término, llegando a imponer toda suerte de arbitrariedades. Vaya usted a saber lo qué ocurrirá cuando esté en juego la Presidencia de la República.
Para que el PRD y otros partidos puedan competir en buena lid frente el PLD, debe ser aprobada una nueva ley de partidos o electoral, consensuada y bien ponderada, a los fines de establecer reglas claras. Pero esto no es suficiente. La sociedad civil y más de un organismo mundial, la OEA y la ONU, entre ellos, deben vigilar muy de cerca todo el proceso, tarea a ser iniciada desde ese momento con el debido respeto a la Constitución y las leyes.
Ésta, posiblemente, sea la última oportunidad para rescatar la confianza en el sistema y en los partidos. Las señales en ese sentido no son auspiciosas. De ahí que sea recomendable dejar que el PLD y aliados, acudan solos a esas elecciones.
Asistir bajo las mismas condiciones es ser parte de una farsa que en nada contribuye a fortalecer nuestra instituciones democráticas. Por el contrario, precipitaría su degradación y deterioro.
Si me engaña una vez, tonto él, pero si me engaña dos veces, tonto yo. Se atribuye esta sabia frase a Juan Bosch.
