La Iglesia Católica en los cuatro primeros domingos de diciembre celebró el tiempo de adviento, periodo de preparación para conmemorar la festividad del nacimiento del niño Jesús. El adviento es según el Diccionario de la Lengua Española, un tiempo santo que celebra la Iglesia desde el domingo primero de los cuatro que preceden a la navidad de nuestro Señor Jesucristo hasta la vigilia de la fiesta. Para la fe católica, esta preparación, de cara al tiempo de adviento es un introducirse a una vida de superación, tiempo de fe y de esperanza en la buena nueva que traerá el Redentor. Es pues una invitación a dejar atrás todo aquello que oprime, esclaviza, y hace sufrir.
En esas reflexiones del último domingo de adviento estaba reunida la comunidad católica cuando la homilía se vio afectada por el murmullo de voces, gritos y forcejeos de una cantidad de personas de sectores marginados que fueron convocadas al local del Partido de la Liberación Dominicana en la Zona Universitaria a los fines de que recibieran cajas de comestibles.
No es tan fácil concentrarse cuando hay interferencia y paralelismo entre dos actividades: una proclamando fe y esperanza, y la otra denunciando en los hechos la presencia de la inequidad quedando visibilizada la contradicción entre el ideal y la realidad. Extrapolando el término adviento al campo social y lo político, este tiempo debería implicar la activación de la conciencia ciudadana en aras de que las malas prácticas políticas, esas que impiden ver y vivir la vida con dignidad, sin postración, vayan quedando atrás.
La entrega de cajas de comestibles para navidad o para cualquier época es un escenario deprimente del que solo se ha beneficiado la práctica clientelar partidaria, que trabaja en función de asegurarse el favor del voto del ejército de personas hambreadas. Ese clientelismo que sustenta a los gobiernos corruptos e insensibles, debe ser cuestionado desde una visión de adviento social y político.
El bullicio y la desesperación ante la posibilidad de quedarse sin una caja de comestible, nos hace volver al tema del déficit fiscal que fue dado a conocer en los meses finales del 2012, y que tuvo de positivo, la conciencia colectiva de que dicha crisis se debió al dispendio, a la corrupción, y que la delincuencia de Estado profundiza los niveles de pobreza.
Insistir en la visión de adviento desde la perspectiva social dominicana es avizorar el advenimiento de un período en que las oportunidades de trabajo productivo tanto para jóvenes como para personas adultas, llegue a ser una realidad constatada. Oportunidades de trabajo con salarios que se correspondan con el costo de la canasta familiar, y con las necesidades del orden espiritual, como es el esparcimiento.
Aspirar y actuar en función de que nuestro país se aboque a superar en forma definitiva esas carencias, es uno de los grandes retos que hay que afrontar en este nuevo año y en los próximos por llegar. Mantengamos la esperanza en ese adviento.

