Se evidencia que antes del 1996 la administración de los tributos internos estuvo, desde la óptica institucional, signada por una gran ineficiencia operativa que, según expertos en la materia, se manifestaba en el desdén a la calidad en el servicio ofrecido por la administración tributaria, su falta de credibilidad y el tratamiento discriminatorio entre los contribuyentes. Y la conjunción de todos estos factores, entre otros, trajo como resultado el gran problema del incremento desmesurado de la evasión de los impuestos.
Con la unificación de las Direcciones Generales de Impuesto sobre la Renta y Rentas Internas efectuadas en el 1997 por el ex presidente Leonel Fernández, se produjo un intento por modernizar la administración de impuestos en el país. El nombramiento como Director General de Impuestos Internos (DGII) de Juan Hernández (quien no necesita presentación porque sus ejecutorias en el puesto que ocupó durante 12 años son más elocuentes que las palabras) trajo consigo un esfuerzo transcendente para, en sus propias palabras, superar todas y cada una de las debilidades encontradas mediante la adopción de medidas concretas, con el objetivo de evitar que la evasión tributaria se convierta en un instrumento adicional de competencia desleal y que prive, además, al Estado de los recursos que requiere para proveer servicios públicos de calidad.
La primera acción de la gestión del siempre sonriente y eficiente amigo Juan fue la de conformar un equipo ejecutivo y de mandos medios con probadas capacidad y solvencia moral en su ejercicio profesional, que construyó la credibilidad e hizo la eficiente la labor recaudatoria de la institución. Muchos de ellos todavía hoy integran la DGII como funcionarios de carrera, lo que también ha demostrado el convencimiento que tenía Juan de que un sistema fiscal vale lo que valen los recursos humanos que conforman la administración que lo gestiona.
Sin dudas que este proceso de reforma y de modernización del órgano que administra la imposición interna se imponía en el país a finales de los ´90 ante la inminencia de la apertura comercial y del cambio de rol de las aduanas en cuanto al aporte de recursos al Estado. Para el año 2005 la imposición interna aportó al Estado el 49.1% de los ingresos tributarios. En la actualidad, con acuerdos de libre comercio en ejecución con la mayoría de los principales bloques comerciales, este aporte alcanza casi el 80% de los ingresos que recibe el Estado dominicano.
Como satisfacer las necesidades mínimas de los sectores más desfavorecidos de la sociedad es la prioridad del actual Gobierno, y este logro sólo es posible si se cumplen las metas de recaudación y se reduce la evasión impositiva, el presidente Danilo Medina nombró al frente de la DGII al destacado economista, eficiente funcionario y buen amigo Guarocuya Félix, a quien reconocemos estar cumpliendo a cabalidad con la misión y razón de ser de esta institución: «Administrar de forma ética y transparente el sistema tributario, facilitando a las y los contribuyentes el cumplimiento oportuno de sus obligaciones, aplicando las leyes tributarias con integridad y justicia, para contribuir al desarrollo y la cohesión social de la República Dominicana».
