Como cada jueves, cuando recibo los matutinos temprano en la mañana, busco en Diario Libre la columna Argentarium de la autoría de mi analista financiero favorito y dilecto amigo Alejandro Fernández W. Ayer la tituló Sueños bancarios, y cuando terminé de leerla no pude contener mi más profunda satisfacción al coincidir, junto a 2 millones de dominicanos clientes de bancos, con todos los planteamientos hechos en la misma.
Luego de felicitar a Alejandro vía BB por tanta lucidez, pude constatar con el experto en estos temas que mis padecimientos bancarios del último año no sólo se debían a altibajos en el flujo de caja debido a nuevos emprendimientos en el campo de la consultoría empresarial. Ahora estoy convencido que muchos de ellos fueron producidos por deficiencias sistémicas en la banca nacional, las que hube de trasladar en su momento como quejas y sugerencias a las instituciones financieras con las que me ha tocado bregar.
Vistas mis más recientes pesadillas bancarias, de seguro compartidas con demasiados clientes insatisfechos, también Sueño con que la tasa de interés de mi préstamo hipotecario, de consumo o de tarjeta de crédito fluctúe conforme a una regla, sencilla, transparente y automática. Sueño con que no tendré que llamar a mi banco o a mi asociación de ahorros y préstamos para que me revisen la tasa de interés, sobre todo cuando están a la baja en el mercado financiero.
Y con Alejandro, así como con muchísimos otros clientes que exigen un servicio financiero de calidad, me pregunto: ¿Realmente es tan difícil para la banca indicarme cuál es la fecha de revisión de mi tasa de interés, de la misma forma en la que me señala cuándo me toca pagarle? Si me informa cuándo toca revisión a mi tasa, sabré entonces que debo llamarla para antes de esa fecha y exigir mi derecho a revisión. ¿Por qué no lo hacen?.
Por igual Imagino un banco o un servicio bancario que me permita responder estas preguntas: ¿Qué decisiones o conductas impactan (o impactarían) negativamente mi capacidad de endeudamiento? ¿Qué estoy haciendo bien? ¿Qué debo comenzar a hacer? ¿Hasta dónde me puedo endeudar? ¿Cómo mide cada banco mi endeudamiento? ¿Por qué tanto misterio alrededor de esto? ¿Podría la banca sentarse con los burós de crédito para diseñar esto?.
Como soñar sí no cuesta nada, sigo soñandoque si peco, es decir, que si soy incapaz en un momento dado de mi vida económica de pagar y honrar mis compromisos, que la banca no me cierre las puertas al crédito . Y, si no es demasiado soñar, además sueño que la banca nos educará a todos, por ejemplo con herramientas que nos permitan, a nosotros mismos sus clientes, evaluar nuestras prácticas y condiciones financieras, de tal forma que sepamos si vamos o no por el buen camino crediticio y del ahorro.
Y, manos a la obra, la Primera Resolución de la Junta Monetaria del 7 de febrero de 2013 que bajará el excesivo costo financiero de las tarjetas de crédito es la primera muestra de que el sueño de tantos Alejandros comienza a convertirse en realidad.

