El desagravio del Senado al presidente Barack Obama por la alusión de Hipólito a su ascendencia africana no es sólo un recurso de la campaña electoral. Que tampoco es la primera vez que se utiliza. También tiene que ver con esa crisis de identidad, que ha llevado al dominicano a renegar de sus ancestros. Obama jamás ha reparado en el color de su piel ni ha ocultado los orígenes de su familia paterna. Pero lo que se atribuye al candidato presidencial del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) que generó la nota de desagravio del Senadono fue más que un estímulo a la superación de la comunidad dominicana en Estados Unidos. Puso a Obama como lo que es: un ejemplo de que se pueden vencer todas las barreras al convertirse en el primer Presidente negro de Estados Unidos. El desliz se presta para recordar algunas estrofas de El negro tras de la oreja, la décima con que Juan Antonio Alix describe el conflicto identitario del dominicano:
Como hoy la preocupación
a más de una gente abruma,
emplearé mi débil pluma
para darle una lección;
pues esto en nuestra Nación
ni buen resultado deja,
eso era en la España vieja
según desde chico escucho,
pero hoy abunda mucho
«El negro tras de la oreja».
El blanco que tuvo abuela
tan prieta como el carbón,
nunca de ella hace mención
aunque le peguen candela,
y a la tía Doña Habichuela,
como que era blanca vieja
de mentarla nunca deja
para dar a comprender.
Que nunca puede tener
«El negro tras de la oreja».
El agravio a Obama ha sido el desagravio del Senado. Nadie puede sentirse ofendido de que se le tome como buen ejemplo, digno de imitar.

