Es deseo y aspiración del conglomerado dominicano una convivencia basada en valores humanos de calidad en nuestra media isla. Sin embargo, se libra una lucha permanente parecida a la de los dos contrarios, de lo bueno contra lo malo, lo fuerte contra lo débil, por ejemplo.
La parte menos sana de la sociedad agrede los valores desde antes, durante y después del nacimiento de nuestra amada Republica Dominicana.
Regularmente se atribuye a la familia el daño sufrido con la baja de los valores, criterio considerado como una media verdad, pues miles y miles de personas provenientes de familias bien formadas en valores, en derecho y hasta con principios cristianos y patrióticos exhiben tan mala conducta que sinonima con satanás.
Por orden y apoyo de Trujillo se robó y se asesinó mucho, se agredió hasta morir la libertad y la democracia. Hoy, más de medio siglo después, se roba como entonces, si comparamos los grandes grupos en asociaciones de malhechores que se pelean rabiosamente contra el Ministerio Público porque los investiga y los somete a la justicia. Hoy contamos con democracia y libertad, pero los muertos superan los de aquella fatal tiranía.
Estamos en el colmo de las agresiones de valores con legisladores retirados y activos muy cuestionados por grandes y vergonzosos ilícitos que a corto y largo plazo matan. Quizás sea nuestro congreso el más cuestionado durante años, y de más complicidad entre sus miembros por no pisarse la manguera. Feminicidas, infanticidas y hasta predicadores y pastores figuran en el glosario de ilícitos graves, que colman de vergüenza ajena a la población decente.
Este MP en casi tres años persiguiendo el delito contra la sociedad, reporta miles y miles de millones de pesos sustraídos al erario, mientras cientos de miles de ciudadanos/as carecen de comida, de medicina y de techo.
Estamos en el colmo donde la mayoría de adultos no honra los compromisos que hace. Los centros educativos públicos no garantizan aprendizaje halagador con mejoría de conducta ni protección del personal.
La Semana Santa, en vez de reflexión en familia, se torna peligrosa a pesar de poner al servicio de los vacacionistas casi 50 mil vigilantes y socorristas para diezmar la exacerbación que raya en el libertinaje. La agresión a los valores es cada vez mayor, rumbo a sucumbir como sociedad civilizada, si no revertimos su gravedad comatosa para que no muera por falta de atención.
Por: Lic. Santiago Martinez

