Editorial

Agua al cuello

Agua al cuello

La inmigración haitiana que ya tenía ribetes de incontrolable  ha devenido después del terremoto  del 12 de enero que devastó Puerto Príncipe en desbordante drama que ya impacta de manera negativa en  casi todos  los ámbitos de  una sociedad dominicana que en ese tema marcha en bandolera.

El salario real aquí se ha reducido sustancialmente por  efecto de una masa laboral foránea que degrada jornales y tarifas en las áreas de construcción, agropecuaria, industrial, comercio y servicio, sin que  las autoridades se interesen en aplicar la ley que regula la contratación de mano de obra extranjera.

Esa inmigración sin control tiene su rostro más terrible en los miles de niños, mujeres y ancianos haitianos  que mafias bien organizadas desparraman por  avenidas y centros comerciales en faenas de pedigüeños,  ante  tal indiferencia oficial que  avergüenza  e irrita a toda la población.

El desorden migratorio arropa también los servicios hospitalarios públicos desbordados  por un flujo de pacientes que son trasladados desde territorio haitiano sin cumplir ninguna formalidad sanitaria o administrativa, al punto que la Maternidad Nuestra Señora la Altagracia se abarrota de  parturientas  del vecino país, la mayoría referidas por hospitales de la región Sur a donde llegaron en delicado estado de salud.

Se pone  de ejemplo que el miércoles, de las seis camas del área de cuidados intensivos, cinco estaban ocupadas por pacientes  haitianas en estado grave, afectadas de tuberculosis, neumonía o insuficiencia renal. En la víspera una  extranjera murió a causa de tuberculosis   miliar y otras  por insuficiencia cardiaca y neumonía en los dos pulmones.

Esas infelices pacientes, que no hablan español,  son  trasladadas  en carros de concho, guagua y hasta en moto concho, en  largos periplos desde Haití hasta la maternidad de Santo Domingo donde son ingresadas en Cuidados Intensivos, donde  se les suministran medicamentos cuyo valor promedia los 40 mil pesos diarios.

Se estima que  entre un 25 a un 30 por ciento de los internos en ese hospital son mujeres  haitianas, la mayoría  referidas en estado grave desde  Haití, aunque realizan paradas en otros centros  asistenciales, lo que eleva  el índice de mortandad en la Maternidad La Altagracia.  El agua está llegando al cuello.

El Nacional

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