La muerte del coronel policial Julián Suárez Cordero, ocurrida en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, constituye un acto bochornoso y repudiable. Ese hecho de sangre ha sido condenado por las autoridades de la academia, profesores, empleados y estudiantes.
Se trata, pues, de un crimen aislado, pero la familia universitaria aboga por el castigo que manda la ley respecto al responsable del asesinato. En la UASD no hay precedentes de encubrimiento de acontecimientos delictivos de ninguno de sus miembros.
Contrariamente, muchos de sus estudiantes han sido asesinados por miembros de la Policía Nacional y la impunidad ha estado presente en la mayoría de esos casos. Pongamos cada cosa en su lugar.
Es una falta de ética de los enemigos de la UASD tomar como pretexto la muerte del coronel para hundir a esta institución en el fango y entonces abogar por la eliminación del fuero universitario y su autonomía. En esa trama perversa hay un sector del gobernante Partido de la Liberación Dominicana, que, desde hace algún tiempo, procura sumar la academia a Funglode.
Se dice que detrás de esa pretensión están el doctor Leonel Fernández y el ingeniero Félix Bautista. La ministra de Educación Superior, que pertenece a ese sector, no desaprovecha ni oculta su discurso venenoso en contra de la UASD, pese a que fue profesora de esa institución docente y una de las principales promotoras de los logros del Movimiento Renovador.
El doctor Fernández no se conforma con centralizar a su favor el grueso de los poderes públicos. Ahora persigue adueñarse de la UASD. Ahí radica la campaña de descrédito sobre la academia, que a un solo coro se escucha en muchos medios electrónicos.

