Desde el momento de la firma del acuerdo entre el Estado dominicano y la empresa minera Barrick Gold el precio del oro se ha incrementado en cerca del 225% hasta rondar los 1,800 dólares la onza. Contrario a esa ocasión cuando se buscaba presionar una renegociación del contrato bajo argumentos cuanto menos cuestionables, hoy replantear la misma por los cambios dramáticos en las condiciones del mercado sería mucho más razonable; pudiendo no encontrar demasiada resistencia por parte de la minera que aún tiene mucho que ganar.
Las condiciones económicas a nivel global parecen indicar un estancamiento del crecimiento en Europa y Estados Unidos, lo que sumado a los problemas de deuda soberana del primer mundo, la aplicación de medidas fiscales más restrictivas y una perspectiva de crecimiento casi nulo, da para apuntar precios sostenidamente elevados en el oro al menos hasta el 2013, ya que este seguiría sirviendo como refugio para los inversionistas de los shocks monetarios.
Aún apuntando a una media de venta de unos 1,500 dólares por onza de oro, la explotación de la mina de Pueblo Viejo pudiera devengar casi 50 mil millones de dólares en renta bruta a lo largo de la explotación para la minera, lo que equivale a cerca de todo el PIB actual de la República Dominicana. El precio actual, y las perspectivas a futuro pudieran elevar de forma significativa esa cantidad.
Una renegociación del contrato en el nuevo contexto puede ser beneficiosa para la misma Barrick Gold, pudiendo recibir concesiones contractuales que le permitan garantizar una explotación pacífica y segura de la mina aún si se produjera un cambio de Gobierno, algo que sin dudas debe estar en la parte de atrás de su mente a medida que los grupos medioambientalistas y de interés en contra de su negocio van encontrando más voceros a lo interno de los principales partidos políticos.
Debe el Estado dominicano, sin embargo, no perder la perspectiva en la forma en que se embarque a cualquier intento de renegociación del contrato. Lo que menos necesita República Dominicana en el actual contexto es dar la impresión de perseguir la inversión extranjera al terrible estilo Chávez, que pudiera alejar la cantidad significativa de inversionistas que buscan rentabilidad en los mercados emergentes como el nuestro.
No deja de ser esta una verdadera oportunidad tanto para la empresa y el Estado de darse un nuevo y quizás mejor comienzo, en la ejecución de un buen negocio que ha sido manchado por una terrible campaña de descrédito en su contra.
Si bien los que odian seguirán odiando, es probable que sus discursos no encuentren mayor resonancia dentro de una clase de poder que es vital no solo para hacer respetar la inversión, sino de garantizar la pacífica y sana ejecución del negocio. Hoy sí considero que tanto el Estado como la Barrick Gold pueden realmente renegociar, no por niñerías, sino porque es solo un buen negocio.

