Editorial

Al derecho o al revés

Al derecho o al revés

El Informe  de Estados Unidos sobre   derechos humanos  se recibe aquí como documento bíblico objeto de lectura sesgada según los intereses  de fariseos y cristianos.

Aunque se ha dicho que Washington carece de calidad jurídica y moral para enjuiciar a la humanidad sobre conducta democrática o ejercicio de civilidad, en este traspatio se levantan bazares para promover  a conveniencia  esas gacetillas imperiales.

En ese informe se repiten   denuncias sobre violaciones a  derechos humanos contenidas en la entrega del 2008 (crímenes extrajudiciales, discriminación contra inmigrantes y sus descendientes, violencia intrafamiliar,  prostitución y trabajo infantil).

En ese escrito se destaca que  el número de “asesinatos ilegales” a manos de  agentes policiales se redujo  de 455 en 2008 a 346  el año pasado, lo que indica que “el empleo  de  fuerza letal injustificable contra  presuntos delincuente” disminuyó en cerca de un 25 por ciento.

También se admite que  el cuerpo del orden registró “mejora  de las condiciones de entrenamiento profesional de sus agentes” y que en 2009 no se cometió ningún  asesinato por razones políticas.

Es claro que  los responsables de casos  comprobados de violaciones a derechos humanos, incluido  tortura o  asesinato,  deben ser sometidos a los tribunales y condenados conforme al ordenamiento jurídico nacional.

Redactores de ese informe olvidaron consignar que la Policía y el Ministerio Público carecen de instrumentales básicos para combatir  el crimen y que los delincuentes en las más de las veces están mejor armados que los agentes policiales.

Estados Unidos  debería reflejarse en propio espejo cuando se refiera a los temas de discriminación racial y de  condiciones   inhumanas en las cárceles, aunque  esta vez admite que  aquí se avanzó con la construcción de centros penitenciarios modelos.

Sin importar si   ese informe pueda leerse al derecho o al revés,  se insiste en señalar que Washington carece de prerrogativas para enjuiciar o fiscalizar al mundo. Nadie está  obligado a inclinar la cerviz.

El Nacional

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