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Más basura trujillista

“Yo investigué la muerte de Trujillo”, de Teodoro Tejada Díaz, 194 páginas. Plaza & Janes, S.A., Editores,  España, 1962.

 “Iniciado en Madrid el 7 de enero de 1962. Continuado en París, Ginebra, Lausana. Terminado en Munich, el 8 de agosto de 1962” y fechado en esa última ciudad alemana en esa fecha.

 La nota confirma que el autor había puesto a buen recaudo la fortuna hecha en Dominicana a la sombra de la tiranía de Rafael Trujillo. Aparte de abogado, tenía una finca y una fábrica de embutidos.

 Todo el lenguaraje jurídico que utiliza Tejada Díaz, a quien apodaban “Lolito”, se viene abajo cuando se sabe que la justicia, durante la tiranía, representaba sólo los intereses y hasta los caprichos del tirano y sus cómplices.

 La “investigación” de que da cuenta quien al 30 de Mayo de 1961 era fiscal del Distrito se realizó en una improvisada oficina en la base aérea de San Isidro, el “bunker” de Rafael Leonidas hijo, “Ramfis”, y de la ralea de asesinos que formaba su grupo de amigos.

 Al hijo de Trujillo rendía cuentas el fiscal cuya obra, estructurada por la mentira que fue la base de la mentalidad trujillista, no tuvo otro objetivo que el de asegurarle la posibilidad de regresar al país en caso de que la situación cambiara.

 Y cambió desde 1966, cuando el neotrujillista Joaquín Balaguer, aupado por Estados Unidos, tomó el poder para ejercerlo por 12 años primero y por 10 después, en un baño de sangre y corrupción del que tiene buena memoria la conciencia nacional.

 No puede dudarse que “Lolito” Tejada Díaz regresara al país después de ese año e hiciera valer “derechos” de propiedad y cuentas bancarias sobre su tierra y dinero “ganado” por su envilecimiento trujillista.

 La información que aporta en su libro, encubierto homenaje a un tirano al que debe adorar, si conserva todavía la vida, no es confiable ni puede ser material siquiera de comparación para la investigación histórica.

 Este Fiscal no era el acusador del pueblo sino el vengador de “Ramfis” y de la familia Trujillo, y como tal actuó hasta que cierto olfato le permitió saber que ya no podía oler donde guisaban, cambió sus pesos por dólares, “lio sus bártulos” y “a juir Tita”.

 Vengador y, por tanto, cómplice de cuanto crimen cometieron el hijo y otros familiares del tirano en el proceso de remanencia de la tiranía, entre el 31 de mayo y el 19 de diciembre de 1961.

 Incluido el asesinato de seis de los participantes en el ajusticiamiento de Trujillo, Modesto Díaz, Huáscar Tejeda Pimentel, Roberto Pastoriza, Pedro Livio Cedeño, Salvador Estrella Sahdalá y Luis Manuel (Tunti) Cáceres Michel. 

 Después del 30 de Mayo de 1961 ningún trujillista confesó. El hombre siempre es una coartada de sí mismo. Y “Lolito” no fue la excepción.

El Nacional

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