Opinión

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“Uno de tantos”

En 1903,   albores del siglo antepasado, Abelardo Rodríguez Urdaneta (1861-1940),  esculpió y vació en bronce su trabajo de mayor trascendencia, “Uno de tantos”, para recoger y eternizar el heroísmo de los pueblos que, sin nombre, son el cuerpo de todas las batallas y guerras.

 A conciencia, el escultor, pintor y fotógrafo dejó para la posteridad el homenaje al pueblo combatiente, al héroe anónimo de cuantas acciones bélicas conoce no sólo la historia dominicana sino la de toda la humanidad.

 Trece años después, el poeta Federico Bermúdez (1884-1821), no se sabe si inspirado en la escultura, completaría la obra.

 En “Los humildes”, su libro de 1916, Bermúdez incluye “A los héroes sin nombre”.

 Por segunda vez en un país de guerras -la separatista, la restauradora, las de cantidad de levantamientos y asonadas políticos posteriores, hasta la de abril de 1965-, se reparaba en la callada y anónima heroicidad del pueblo.

 El poeta anduvo en las errancias revolucionarias como consejero del general Desiderio Arias y conocía de la “gloria”, “absoluta” de capitanes, como del “natural” anonimato de la tropa.

 “A los héroes sin nombre” es de ese 1916 o de uno o dos años antes.

 Ya en Alemania, en 1849, se había abierto una tumba, “Landsoldaten” (Soldado de infantería), para rendir culto al pueblo combatiente sin nombre.

 Y en 1920, en la Abadía de Westminster de Londres, Inglaterra, se erigía una tumba al soldado descononocido de la Primera Guerra Mundial y de todas las guerras.

 Mismo año que al pie del obelisco del Arco de Triunfo, en París, se levantaba la tumba del soldado desconocido.

 Cuarentiseis años después, en el Jardín Alexander, de Moscú y a la vera del muro de la ciudad, se erigió la tumba del soldado desconocido con  una leyenda digna: “Tu nombre es desconocido, tu hazaña es inmortal”.

 En Londres, París y la capital de lo que era entonces la Unión Soviética – Rusia hoy-, es obligatoria para los turistas la visita a los monumentos al soldado desconocido.

 Sólo la tumba de Berlín, “Lansoldaten”, precede al homenaje que sin acuerdo entre ellos rindieron con su escultura y con su poema, en el mismo sentido, los dominicanos Rodríguez Urdaneta y Bermúdez.

 Las tumbas de Londres, París y Rusia son posteriores a “Uno de tantos” y a “A los héroes sin nombre”.

 (Las columnas que comienzan con esta primera se dirigen a fortalecer la iniciativa de que la escultura, con fragmentos del poema a su pie, presidan el salón principal del Panteón Nacional, iniciativa del ciudadano Cristóbal Pérez Siragusa, miembro colaborador de la Academia de la Historia.

 (Como homenaje al pueblo heroico de toda la historia y como homenaje a un escultor y a un poeta que le rindieron el mejor tributo a ese pueblo con la justicia de las obras de artes de una escultura y de un poema).

El Nacional

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