A los héroes sin nombre
En veinticuatro versos alejandrinos, seis estrofas y ciento ochenta y ocho palabras, Federico Bermúdez rinde homenaje a la gloria callada del pueblo combatiente.
El poema canta en alto tono una visión de ser humano colectivo, lucha y paisaje, cuyo contexto reclama para el pueblo, con la humildad condigna, una o dos de las hojas de laurel de sus capitanes.
Para comprender sin interrupciones que restarían en vez de sumar, es mejor transcribir los versos de Bemúdez:
Vosotros, los humildes, los del montón salidos, / heroicos defensores de vuestra libertad, / que en el desfiladero o la llanura agreste / cumplisteis la orden brava de vuestro capitán.
Vosotros, que con sangre de vuestras propias venas / por defender la patria manchasteis la heredad, / hallasteis en la lucha la muerte y el olvido: / la gloria fue, absoluta, de vuestro capitán.
Cuando el cortante acero del enemigo bando / cebó su furia sobre de vuestra humanidad / y fuisteis el propicio legado de la tumba / sin una cruz piadosa ni un lauro funeral / también a vuestro nombre cubrió el eterno olvido: / tan sólo se oyó el nombre de vuestro capitán.
Y ya cuando a la cumbre de la soñada gloria / subió la patria ilustre que fue vuestro ideal / en áureos caracteres, la historia un homenaje / rindió a la espada heroica de vuestro capitán.
Dormidos a la sombra del árbol del olvido / quién sabe dónde el resto de vuestro ser está; / vosotros, los humildes, los del montón salidos, / sois parias, en la liza con sangre fecundáis / el árbol de la fama que da las verdes hojas / para adornar la frente de vuestro capitán.
A buen entendedor , dice el refrán. Ahí quedan los veinticuatro versos, seis estrofas y ciento ochenta y ocho palabras del poema de Bermúdez, versión oral de la escultura de Rodríguez Urdaneta.
Uno de tantos, que tuvo la misma intención, encontró así en el canto de Bemúdez cuanto dice su figura del soldado popular herido, caído fusil en mano, con la que reclamó gloria, también, para la multitud de desconocidos que hace las batallas y que gana las guerras para nombre y renombre sólo de sus capitanes.
Los nombres de los capitanes cubiertos de gloria se inscriben con los más preciosos metales en las páginas de la historia pero ¿cómo se escribe el nombre de los pueblos que han combatido con igual heroísmo pero multiplicado por miles y miles?
Por fortuna, los dominicanos pueden hacerlo con la estatua de Rodríguez Urdaneta y el poema de Bermúdez colocados de manera principal a la cabeza de las tumbas de los héroes del Panteón Nacional.

