Opinión

Al día

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El título de la novela de Augusto Roa Bastos define una última actuación del presidente de la Suprema Corte de Justicia ante el Tribunal Constitucional en discusión.

 El TC, cuya función es la de mantener la supremacía constitucional en los casos que atañen a la mayoría, quitaría esa función a la SCJ y la reduciría a una penúltima instancia.

 Y Jorge Subero Isa no está de acuerdo con ello porque durante los últimos diez años, con más bajas que altas, ha enseñoreado la judicatura desde la cúspide de la última de sus instancias.

 Aparte de que su ejercicio en tantos años no ha estado investido de la majestad que se supone al más alto magistrado de la más alta de las cortes, su posición frente al TC lo trae al ruedo político como un politiquero más en defensa de su interés personal.

 En días pasados llamó a una reunión de los partidos de la Liberación y Revolucionario para que resolvieran en cuanto al establecimiento del TC y nombramiento de sus miembros.

 Quiere, para la corte constitucional, el mismo origen espurio de la SCJ o, en la presunción de que la sociedad ha olvidado ya de cómo se integró la Suprema, restar calidad y crédito y moralidad y ética a la corte constitucional.

 Se supondría que, al escalar tan alta magistratura, el dominicano dejaría de lado las pequeñeces y mediocridades del interés personal para buscar la grandeza del ejercicio digno del papel de alto juez.

 Pero no es así porque parece cierto aquello de que “al perro huevero, ni que le quemen el hocico”.

 A pesar de la toga de la alta magistratura, Subero Isa, como cualquier politicastro de la traílla, lucha por “lo mío” y no tiene empacho o el menor rubor para salir a defenderlo “con uñas y dientes”.

 Y ahí se le tuvo como agente de descrédito previo de un Tribunal Constitucional para cuya discusión el Senado incurrió en una violación de la nueva Constitución del 26 de enero del año pasado.

 Nada, que el “magistrado” Subero quiere que también las discusiones y tratativas para establecer el TC y designar a sus miembros pasen al proceso de mercado de pulgas de la politiquería, si cupiera, más barata.

 Tampoco sería de extrañar que uno de los jueces de la SCJ que aspira al TC consiguiera su objetivo a pesar de que cumple ya los 75 años que la Constitución prescribe como plazo límite para esa membresía.

 Porque todo cuanto ilegitime y ensucie el proceso de creación e integración de la corte constitucional será apoyada por este Supremo de la Suprema cuyo mallete se parece más al fotuto con el que el mercachifle anuncia su venta en el mercado.

El Nacional

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