Opinión

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Demagogia con la pobreza

Que se recuerde, la frase fue utilizada por primera vez y hará unos veinticinco años, en un análisis de la realidad de la Universidad Autónoma, por el escritor Carlos Francisco Elías.

 Los jóvenes de toda la geografía y de todo nivel de educación primaria y secundaria han sido llevados desde entonces a postular como un derecho el de cursar una carrera y obtener un título universitario.

 Los parámetros de admisión impuestos por el Colegio Universitario fueron considerados “antidemocráticos” por gente que necesitaba hacer “demagogia con la pobreza” como amparo de posiciones a las que había trepado por méritos político partidarios y no académicos.

 Si se cualquierizaba al estudiantado, no habría posibilidad de una evaluación del profesorado y de las autoridades universitarias, cualquierizados también en su integración.

 Y “aquellos polvos trajeron estos lodos”.

 Mientras, y por la misma razón, sectores enquistados en la secretaría de Educación y en el magisterio público presionaban contra el Plan Decenal, que se formulaba para mejorar al sistema y, con la capacitación y especialización, a los maestros.

 Lo menos fue que uno de los gobiernos del neotrujillismo de Joaquín Balaguer llegó a amenzar la vida de Lorenzo Guadamuz, quien desde el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, que cofinanciada, dirigía el Plan Decenal.

 Guadamuz tuvo que poner “pies en polvorosa” antes que su actitud académica de disciplina y decencia le costara la vida o una deportación.

 La educación tomó la bajada de su cualquierización. El resultado: varias generaciones de “educandos” con todas las deficiencias, “formados” por maestros de primaria, segundaria y universitaria, también con todas las deficiencias.

 La “demagogia con la pobreza” pasaba de las aulas de la Autónoma a todas las demás aulas universitarias –se cualquierizó la institución en una docena de centros de “altos estudios” y “colegios” dedicados al comercio de bachilleratos, carreras y títulos, llenos de estudiantes y profesores cualquierizados.

 Esas generaciones de “educandos”, muchos que serían desertores, se posicionaron en la sociedad con el reclamo de una posición socioeconómica a la que tenían “derecho”, según la prédica demagogica de la politiquería de los políticos, una mayoría de traficantes de influencia y de candidatos a la corrupción.

 (Todo lo anterior, como consecuencia provocada de la política de corrupción y envilecimiento sociales de Balaguer).

 Este es el origen del trastrueque de valores y del ejercicio por la mayoría de “derechos” que no son tales pero que se ejercen sin mayor miramiento, como el de instalar en cualquier acera de cualquier calle o avenida o parque un puesto de frituras o de frutas o de “víveres”.

 (La “demagogia con la pobreza” creó a los “padres de familia”, gente que no está supuesta a cumplir con  ningún deber pero sí a reclamar unos “derechos” , incluído el de ser rico).

El Nacional

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