JUAN JOSÉ AYUSO
Con la designación de Rubén Silié como embajador en Haití, el presidente Fernández emite hacia la sociedad una buena señal en lo que toca a la normalización de las relaciones con el país vecino.
Esa es una necesidad sentida, mucho más en los años que van del ajusticiamiento del tirano Rafael Trujillo en 1961 a estos días.
No está regularizada la migración entre los países más la emigración de haitianos hacia el país- y tampoco las relaciones comerciales.
Por el desorden crónico que reina en esas relaciones, pudiera decirse que Haití y Dominicana son países tan distantes como antípodas.
El embajador Silié es un conocedor experto de la historia dominicana y de la haitiana, y los últimos años los ha dedicado al trabajo en las relaciones comerciales del Caribe.
Además, es de los intelectuales mejor informados de cuantos detalles informan la realidad socioeconómica y política del país y de Haití.
Quien conoce al embajador profesor universitario, además- sabe de su capacidad de trabajo y de su integridad.
Silié no debe haber aceptado el puesto para ir a pasear, descansar y de paso hacer negocios personales.
En primer lugar, el diplomático no es persona de pasear, descansar ni hacer negocios tras el parapeto de una función oficial.
Y en segundo lugar, Haití no es bajo ninguna circunstancia el país adonde se quisiera ir a pasear, a descansar o a hacer negocios.
Sin que se sepa porque él lo haya declarado a la prensa esas son cuestiones, pudiera decirse, de secreto diplomático- Silié viajará y permanecerá en Haití con una misión definida que no puede ser otra que la de sentar las bases para la legalización e institucionalización de las relaciones con el vecino.
En ese sentido, es seguro que cuenta con el único respaldo que necesita para ello, que es la decisión política del presidente Fernández.
Los dominicanos que desde hace cuarenta y ocho años propugnan y luchan porque se regularicen y normalicen las relaciones de migración y comerciales con Haití deben haber recibido la designación de Silié de la más positiva y esperanzadora de las maneras.
Hace unos años una experiencia negativa para él y para otros dominicanos que participaron de manera voluntaria en la redacción y corrección del anteproyecto- trabajó en la elaboración de la Ley de Migración y su correspondiente reglamento.
Corregido de manera racional y humanitaria por un amplio comité representativo de la sociedad, ese anteproyecto llegó al Congreso pero allí fue subvertido y pervertido por nacionalistas, racistas y antihaitianos que lograron en las cámaras el despropósito, de manera directa e indirecta.
En esta ocasión, la misión de Silié, por fortuna, no está sujeta a la subversión y perversión de los nacionalistas, racistas y antihaitianos.
Regularizar, legalizar e institucionalizar las relaciones entre Haití y República Dominicana es una tarea ya estudiada con capacidad y con viejas y menos viejas propuestas de solución, uno de cuyos autores ha sido el nuevo embajador.

