Opinión

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El descaro de la corrupción
Hace muchos años, cuando empezaba a hacerse pública la corrupción que era mentalidad y norma de gobierno del neotrujillismo de Joaquín Balaguer, al hijo de un funcionario implicado sus compañeros de secundaria lo hicieron objeto de “puyas” en ese sentido.

 Parece que el muchacho había sido aleccionado por el padre y paró en seco al corro burlón de esta manera: “lo que lamento es que mi papá no se cogiera más de lo que dicen”.

 Para permanecer en el poder, primero por doce y después por diez años, Balaguer propició el sistema de corrupción que ha hecho muchos millonarios de políticos que en sus comienzos tenían “una mano atrás y otra adelante”, con el que sembró lo que parece ser la doctrina que han seguido los demás.

 Llegar a la Presidencia o a cualquier ministerio o dirección general o, “con rango de secretario de Estado” a otro alto puesto, significa que el político va a enriquecerse. Y esto no es una generalización. Habrá una que otra excepción pero talvez dos o tres dedos de las manos basten para contarlos.

 Interesado el gobierno del presidente Fernández en la aprobación del proyecto de Constitución que depositó el 27 de Febrero en el Congreso, parece que los senadores y diputados de los barrilitos y de otro usufructo personal de los presupuestos de las cámaras buscan un “quid pro quo” que deje satisfecho al primer mandatario pero que les colme a ellos otro espacio de sus ambiciones, que parecen ilimitadas.

 Buscan prolongar su incumbencia por dos años, de manera “automática”, o mediante la garantía de postulaciones para las elecciones de medio término, a cambio de apoyar tal cual el proyecto de Constitución que ya como Asamblea Revisora han empezado a conocer.

 En la prensa se publica acerca de ese plan pero el descaro de la corrupción como ejecicio político “natural y normal” es tanto que los legisladores buscaron una entrevista con el presidente Fernández nada más que para presentar e impulsar su iniciativa en un trueque o compra-venta con el Ejecutivo.

 Este es uno de los colmos a los que se ha llegado en la política de la corrupción aunque, puede asegurarse, no será el último ni el más descarado.

 La mayoría de senadores y diputados pertenece al Partido de la Liberación pero no puede dudarse que en ese grupo de aspirantes al “vuelve y vuelve” o al sigue y sigue haya gente del Partido Revolucionario y de la mínima expresión que queda de lo que fue el agrupamiento clientelista de Balaguer.

 Mientras, las provincias y otras comunidades que tienen como representativos a senadores y diputados, que en realidad no representan más que a sus desmedidas ambiciones personales de hacerse ricos y más ricos, tienen que apelar a denuncias y otro tipo de protesta para que se les construya carreteras, escuelas, hospitales o para que se les repare calles y avenidas llenas de hoyos. 

 Pero “mantenga la sintonía”, que la grotesca telenovela de la corrupción sigue. 

El Nacional

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