Opinión

Al día

Al día

“De aquí p’al cielo”

 Lo que se dice es que como la corrupción se ha generalizado e “institucionalizado” de tal manera, ya toca fondo y que, de aquí, nada más queda  empezar a subir para que todo, poco a poco, empiece a mejorar. Ojalá.

 Las situaciones nacionales siempre tienen dos puntos de vista para ser percibidas y analizadas. El de los optimistas y el de los pesimistas.

 La conclusión del primer párrafo parece venir de los primeros, agotada ya su “capacidad de asombro”, en el entendido de que no puede haber ya nada peor y con la esperanza de que un país que no puede continuar en lo que está, debe sacudirse y comenzar a separar y a apartar “el trigo de la cizaña”.

 Los pesimistas suelen repetir el dicho que titula la columna. “Todavía no es nada”, añaden o, en la paráfrasis de la frase de un político que hace poco utilizó el poder sólo para perderlo, “falta mucho por hacer”.

 Si los militares y policías aparecen como protagonistas de seis o siete de cada diez  actos criminales o delictivos de que se da cuenta, ¿sorprendería que los altos y medios funcionarios del Estado, electivos y designados, se hayan convertido por grupos en concierto o de forma individual  en asociaciones de malhechores o en malhechores para exprimir al máximo y en su beneficio personal las partidas del presupuesto?

 La impunidad, la intocabilidad, la falta de sanción contra la corrupción ostensible de funcionarios abren un campo casi infinito para la institucionalización del tráfico de influencia y del soborno como nuevos métodos administrativos para disponer en provecho personal de lo que es de todos, lo más ajeno que existe.

 En el reinado de la impunidad, la intocabilidad, la falta de sanción, no es justo olvidar a los jueces, desde el más alto hasta el último de los tribunales, cuyos fallos comprados, complacientes y/o “respetuosos del poder” mantienen en sus puestos y en la calle a muchos culpables ya condenados “en primera instancia” por la conciencia de la sociedad.

 “¿Y ahora, quién podrá defendernos?”. Vale repetir la frase que anunciaba la acción de “El Chapulín Colorado”, el antihéroe de la comedia mexicana de televisión.

 En el interín, y en provecho de todos los factores de corrupción generalizada que forman el cuadro de la realidad pública, se da todos los pasos, varios cada día, firmes y “con los pies bien pegados a la tierra”, para la estructuración de un  nuevo caudillo que, formalista como el tirano Rafael Trujillo y como el neotrujillista de Joaquín Balaguer, alimenta la imagen de un mesías que se tiene nada más y nada menos que en la presidencia de la República.

 El presidente Fernández, también, estaría rodeado de un “anillo” y deberá decirse que la corrupción se detiene a las puertas de su despacho, no importa que, como Balaguer, él mismo sea dueño del dedo y haya comprado el anillo, aunque mantenga cerrada la puerta principal de su oficina pero bien abiertas sus dos o tres puertas traseras.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación