Opinión

Al día

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No fue tiempo perdido…
“Después de todo, no fue tiempo perdido del todo, todo el tiempo perdido”.

 Y tres.- Los capítulos, “Ella” y “Él” alternan de forma simultánea con el narrador. La estructura de la novela permite la acción de las dos personalidades centrales. Los demás nombres pertenecen al entorno de una y otro, parte de la raíz, sentimientos y paisaje de cada uno  

El capítulo final, “Ella y él” resume el relato con una solución racional y mágica,  mucho de poesía y mucho de filosofía:

“Llama a las niñas.

“-Vengan.

“Da las espaldas al árbol, al mar. Ahora sólo le queda vivir”.

Y termina o comienza no sin antes, durante la búsqueda en el monte para dar con Tián, haber sembrado una duda: ¿sobrevivió?

Uno de los testigos presenciales dijo que los sobrevivientes de la columna guerrillera habían escapado por un barranco. No había precisión y por donde parecía que pudo ser no se halló vestigios de cuerpos.

De un campo de San Juan de la Maguana y de Santo Domingo a Nueva York y Miami, y vuelta a Miami, Santo Domingo y el campo de San Juan, y de vuelta a Nueva York, una de esas “cosas de la vida” plantea la ruptura de la pareja.

Como en toda la relación, toda ella no era conocida de manera absoluta por él y todo él no lo era de la misma forma por ella. Y cualquier cosa, como la intromisión esencial de la madre de uno, que no es cualquier cosa, provoca el rompimiento.

Pero el detalle no copa el interés del todo. De principio a fin, la novena novela de Manuel Salvador Gautier cautiva y mantiene la atención y lo hace como dicen que “se llena la gallina el buche”: grano a grano.

El choque de la pareja interracial, como es normal, no se produce de entrada sino de salida. Al amor se va con la pasión y el deseo. Sudores después es cuando las palabras que designan los criterios y prejuicios deberán salir a flote, si salen, porque a veces no.

Las “mellicitas” son algo más que Liliana y algo más que Tián. El resultado de una y el otro. Algo encima y primero que una y que el otro. Y la realidad y destino de las niñas es lo que va a radicalizar la posición de la esposa y madre y nuera

Si se aceptaron ella y él con la libertad y el respeto del amor, ¿cómo no prodigar esa libertad y ese respeto a esas dos hijas, merecedoras de una formación y de una educación sin prejuicios y en alas del albedrío?

Hacer entender algo así a Mamá Tinyó era tarea de trepanación y sustitución de cerebro. No hubiera habido manera. Lo razonó Liliana y quizá después lo razonó Tián, quien dio entonces a su vida el objetivo político de embarcarse en la aventura de derrocar al gobierno y cambiar las estructuras socioeconómicas y políticas.

Mientras a Liliana, madre y mujer, “…sólo le queda vivir”.

El Nacional

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