No podría ser candidato. Carezco de la tanta incapacidad y del tanto descaro. No me animaría a comprar un título de licenciado en alguna universidad de esas que se ha de comer la tierra.
Me falta el general o el coronel amigo para falsificarme un papel de buena conducta en la Policía.
Ignoro el procedimiento para conseguir un papel de no objeción judicial.
No tengo compañeros, amigos ni hermanos en los partidos cuyos índices dirigenciales señalan a los agraciados.
Padezco de la necia vocación de ganar el sustento con el producto del trabajo.
No he hecho costumbre del uso de saco y corbata.
Sería incapaz de disponer de lo ajeno sólo porque así lo han hecho los precedentes y lo hacen los presentes.
Me gusta comer lo mejor que pueda pero a costa del ingreso y no del erario.
Quizá sería capaz de robar para beneficiar a quienes lo necesiten y por ello creo en evitar las tentaciones.
No me junto con políticos en el gobierno o en la oposición.
No me junto con generales ni otros altos y medios oficiales de las Fuerzas Armadas y la Policía.
Tampoco con representativos del empresariado.
Ni con altos dignatarios y prelados de las iglesias.
Ni con gente de la embajada.
Creo en la solidaridad, en la pobreza personal y en otras tonterías.
No soy dueño del conjunto de caras necesario para pensar y decir una cosa y hacer otra que le sea contraria y la desmienta.
Dado que el círculo de mis amigos se ha hecho cada vez más pequeño, no quisiera tener que olvidarme de los cuatro o cinco que me quedan.
Soy incapaz de que otra persona me maneje el carro, me abra la puerta cuando voy a apearme, me lleve el maletín y el celular y me diga jefe o comando.
Cuando me llaman por teléfono, siempre estoy. Por lo general, soy quien lo descuelga.
Estoy con quien me gusta estar y no con quien conviene.
Me faltan muchas horas de vuelo para pensar, hablar y escribir ficción acerca de trayectoria y merecimientos de dirigentes políticos o de mí mismo.
Ni por obligación ni amarrado voy a solemnidades religiosas en los templos.
No fui conmilitón ni amigo de Juan Bosch ni de José Francisco Peña Gómez ni de Joaquín Balaguer, aves que en ocasiones pareció que volaban separadas pero que terminaron por dormir en el mismo palo.
Reconozco que es muy bueno un salario astronómico durante los próximos seis años pero reconozco igual que no me acerco ni en lo más mínimo al mínimo de condiciones requerido para ello.

