Opinión

AL DÍA

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El Himno de las Madres de Doña Trina Moya dice como sigue:  “Venid, los moradores, del campo y la ciudad,/ entonemos un himno de eterno amor filial,/ cantemos de las madres su ternura y su afán/ y su noble atributo de abnegación sin par.

 “Celebremos todos la fiesta más bella/ la que más conmueve nuestro corazón,/ fiesta meritoria que honramos con ella/ a todas las madres de la creación./ Quién como una madre con su dulce canto/ nos disipa el miedo, nos calma el dolor,/ con solo brindarnos su regazo santo,/ con solo cantarnos baladas de amor.

 “De ella aprende el niño la sonrisa tierna,/ el joven la noble, benéfica acción./ Recuerda el anciano la oración materna/ y en su alma florece la resignación./  Cubramos con flores la tumba sencilla/ de madres que moran en la eternidad/ y ornemos con flores la frente que aún brilla/ que aún brilla y esplende la maternidad.

 “Para ella escojamos frescas azucenas/ simbólicas flores del alma ideal,/ blanca como el alma de las madres buenas/ y con algo místico y sentimental./ Albas estrellitas, nítidas hermanas/ de las que circundan la divina sien,/ de la que es modelo de madre cristiana,/ madre de Dios Cristo nacido en Belén”.

 (La primera estrofa se repite a la mitad y al final de los versos).

 Aparte del sesgo religioso tan de estilo en la época, el Himno de las Madres de Doña Trina empieza con una convocatoria a “los moradores del campo y la ciudad”.

 Producto de un descuido de la enseñanza, alguna gente aprendió la letra: “venid los moradores del campo a la ciudad…”.

 Imposible porque la poeta no daba por descontado que sólo en las ciudades se celebraba a las madres y que para hacerlo los campesinos tenían que trasladarse desde sus pueblos.

 “Venid los moradores del campo y la ciudad”, pues, una convocatoria a que cantara al ser de origen todo ser humano nacido, todos, sin importar donde viviese.

 Cuando se trata el tema del canto a las madres, en cualquier lugar y sobretodo en aulas y, lo que es igual, en medios de comunicación, hay que hacer las citas con cuidado y de manera correcta, no sea cosa de que se conspire desde allí mismo con el fondo académico y moral que persiguen la instrucción y la enseñanza.

El Nacional

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