Opinión

Al día

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Cuarentiseis años después de escritas, aparecen las memorias de John (Johnny) Abbes García. “Trujillo y yo”. “Presentación, notas y edición de Orlando Inoa”. Editorial Letra Gráfica, 2009. 340 páginas, sin índice de nombres ni bibliografía.

 El jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) de Rafael Trujillo, como  otros trujillistas, escribe su coartada. Sin formación intelectual alguna, su “pensamiento” es una repetición de “clichés” del “anticomunismo” norteamericano del senador Joseph MacCarthy, presente y actuante también en sectores de la política y la “intelectualidad” de la tiranía, de las que Joaquín Balaguer es paradigma.

 Las acertadas notas del editor presentan otros testimonios de hechos que el “coronel” Abbes cita a conveniencia, a fin de que los lectores  jóvenes eviten la confusión del texto del temido policía y espía nacional e internacional del tirano.

 Como otros de sus pocos compañeros con el descaro de haber escrito sus coartadas disfrazadas de memorias, el jefe del SIM se confiesa no sólo trujillista sino partidario de ese tipo de régimen autoritario y despótico como única solución de los problemas latinoamericanos y del mundo.

 A pesar de que “Trujillo y yo” terminó de escribirse en 1963, tras la lectura cabe la afirmación de que, si viviera, Abbes pensaría igual a como lo hacía hace cuarenta y seis años. Lo mismo que Balaguer hasta su muerte.

 Surgido de la crónica deportiva hasta el puesto de mayor influencia con  Trujillo, de 1955 a 1961, año del ajusticiamiento, el “coronel” labró su fama por el miedo.  En un momento, tanto como al mismo Trujillo, se le temía a Abbes García.

 (En las páginas 156-159 hay un salto o una omisión que no se explica.

 (Y más adelante, después de haber hablado de Radio Caribe como creación suya y bajo su dirección, se refiere a “la voz antillana que da la vuelta al mundo” como si no hubiese escrito lo anterior, que incluye la organización del asalto por turbas al obispado de San Juan de la Maguana y al obispo Tomas O’Reilly).

 La radioemisora, con 50 kilovatios, tomó primera importancia cuando la iglesia católica, tras 30 años de complicidad, denunció a la tiranía. (Para el asalto al obispado de La Vega y a su titular, monseñor Francisco Panal, Abbes utilizó  a “colaboradores” y a otros bandidos en una turba que saqueó la iglesia).

 De ese grupo se escogió a un senador y a varios diputados, trujillistas de esa índole pero “socialistas”, que dirigidos por Abbes encarnarían la acción “antinorteamericana” de la tiranía a la merma del apoyo de Washington con el que Trujillo siempre contó.

 El senador de esa camada fue el doctor Euclides Gutiérrez Félix y los diputados Marino Vinicio Castillo, Luis Dimes Pablo, Manuel Jiménez Rodríguez y Gregorio García Castro. El pueblo les llamaba senador y diputados “por la provincia de Radio Caribe”.

 La mentalidad que refleja Abbes en sus escritos, presente en parte  del presente dominicano, vive no sólo en los trujillistas y neotrujillistas-balagueristas sino entre antiguos “liberales” y hasta “revolucionarios” seducidos por la corrupción y el despotismo de Balaguer durante sus 22 años.

El Nacional

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