POR Juan José Ayuso
buenapila@yahoo.com
Bosch y el porvenir
A Juan Bosch lo juzgará el porvenir. Ese veredicto no pueden comprarlo en el presente 85 millones de pesos que el gobierno del presidente Fernández y el Partido de la Liberación dedican a conmemorar el centenario de su nacimiento.
Tampoco los discursos laudatorios y vacíos que para encubrir su misma corrupción le dedican funcionarios del metro administrativo (antes era tren).
Al Bosch político, cuyas realizaciones no las tienen todas consigo, también lo juzgará ese porvenir.
Como al Bosch literario de ficción que él echó a un lado para dar exclusivo paso al voluntarioso y ciclotímico caudillo que devino.
Y si es que un ser humano puede ser dos.
El análisis de la realidad, sesgado más o menos, busca los factores para componer la defensa de Bosch.
Fundó el Partido Revolucionario y el Partido de la Liberación y ambos, en el gobierno, han sido la contradicción y negación de los principios y de la ética políticos del fundador.
Y el PLD, que fue el último, el de 1973, que debió sustentar un programa de liberación nacional dentro de un boschismo que era marxismo no leninista, es un patético desmentido de lo que se ve ahora como declamatoria demagógica convenenciera de entonces.
Pero ese proceso de desnaturalización y de perversión empezó con Bosch en 1996, cuando a conciencia fue o lo llevaron al Palacio de los Deportes para levantar la mano junto al caudillo neotrujillista Joaquín Balaguer y entrar al poder por una puerta trasera y de noche.
Para defenderlo, la coartada de algunos es que lo llevaron allí porque él ya no tenía lucidez. Otros que no lo quieren tanto dicen que el Frente patriótico de 1996 parecería obra suya, hija de su enemistad dialéctica con el déspota ilustrado.
¿Cuáles serían, pues, los aciertos y merecimientos del Bosch fundador del PLD y quien desde el gobierno recibe la cobertura de una costosa parafernalia para celebrar el centenario de su nacimiento y encubrir con ello el envilecimiento y la corrupción y su adopción sentida y real de la mentalidad de la corrupción balaguerista?
A Bosch lo juzgará el porvenir. Al Bosch literato de ficción y al Bosch político en uno. Pero no el presente. Y menos el de un partido que contradice y desmiente principios y ética trastrocados desde 1996 por la política de la corrupción, el enriquecimiento y la conveniencia personales.
(Para mejor, de Antonio Lockward Artiles, ver El centenario de San Juan Bosch Gaviño en la página 10 de Areíto, Hoy, sábado 4.

