Balaguer: neotrujillismo
Hoy, a siete años de la muerte de Joaquín Balaguer, se lee y se escucha y ve en la prensa, la radio y la televisión a ingenuos y a perversos que se refieren a la omnipotencia del poder y del gobernante y a la inconveniencia de llevarle la contraria al Presidente.
¿De dónde viene esa mentalidad condicionada por el miedo al poder absoluto que la Constitución y los hechos dan a la presidencia de la República?
De los 22 años de gobiernos de Balaguer. De los primeros doce y de los segundos diez. Y de lo que sembró en materia de corrupción y envilecimiento en esos lapsos, cuyos frutos se ven desde entonces en la mentalidad y en la conducta de los políticos que cerca o lejos de él aprendieron de su pensamiento y método neotrujillistas.
En ninguna circunstancia de sus veintidós años de poder el caudillo tuvo un momento democrático. Y no podía tenerlo porque nunca fue un demócrata, nunca creyó en las libertades y los derechos de las mayorías.
Para Balaguer, como para la mayoría de quienes lo siguen aún sin haber sido miembros de su agrupamiento clientelista, las bases sólo sirven para pisarlas. (La frase no es de un neotrujillista sino de un converso demócrata en un partido que alguna vez tuvo aliento democrático).
Lo que Balaguer creía acerca del pueblo dominicano como de todos los pueblos en estas circunstancias de la pobreza del subdesarrollo y de la más injusta distribución de la riqueza-, está en sus hechos cotidianos de gobierno durante veintidós años mucho más que en su parafernalia de varilla y cemento.Balaguer mantuvo el ejercicio continuado y continuista del poder para el mayor enriquecimiento de la clase dominante, para el usufructo de sus servidores y para el envilecimiento inoculado como mentalidad y conducta en esos grupos y en sectores de la sociedad.
De manera formal concurría a elecciones pero se aseguraba contar con una Junta Central Electoral temerosa y complaciente del poder y con una estructura de fraude que amigos extranjeros le ayudaron a implantar cada vez que enfrentó la posibilidad de perder, lo que fue siempre.
Los ingenuos y los perversos que quieren y necesitan convertir a Balaguer en una de las grandes figuras del siglo pasado y del presente aceptan, a regañadientes también, que nunca ganó unas elecciones, sin dejar de utilizar el argumento del síndrome del fraude entre opositores aunque sepan que ese síndrome nació del síntoma que creó el fraude sobre el cual Balaguer concurrió a elecciones en 1970, 1974, 1978, 1986, 1990 y 1994.

