Es una población francesa, Bayonne y es también un poblado gallego, Baiona. En la provincia Independencia, dominicana, hay una comunidad que recibe el nombre de Bayona y en el Distrito Nacional otra nombrada Cabayona.
Colonizados por los españoles y a ratos por los franceses, se entiende que los descubridores quisieran perpetuar el nombre de sus lugares de origen.
Varios de los nombres de las provincias y municipios criollos vienen de voces aborígenes. Otros de españoles y franceses, cuando no de sus provincias y pueblos, de sus nombres y apellidos, como Barahona.
Macorís, Higüey, Maguana y Neyba son aborígenes aunque de la escritura en español esos nombres encontraron diéresis e y griegas, llamadas ahora ye. (Los aborígenes no tenían alfabeto. Sus dibujos en cuevas y otras paredes, como sus esculturas y tallados, no parecían representar otro significado que no fuera el de la figura plasmada, humana o animal).
Bayona, aunque no tan común, es un apellido que llevan algunos dominicanos.
(De Bayona, y no se sabe porqué, viene bayoneta, que es un arma blanca puntiaguda y afilada que se coloca al extremo del cañón de los fusiles como elemento de asalto. Quizá alguien de Bayonne la inventó).
Campechano es otro apellido poco común que escuché por primera vez no hace mucho.
(Había oído Patrocinio, Luis Manuel, si mal no recuerdo, autor de un libro acerca de Enrique Blanco).
Desde hace algunos años conocí a David y como ocurre casi siempre me quedé con el David y jamás le pregunté por su apellido.
En una ocasión lo necesité y pregunté. La respuesta me sorprendió. No es corriente un adjetivo como apellido y Campechano lo es.
Los nombres que se han hecho apellidos pueden ser, como José, traducciones del Joseph inglés o cocolo, como el Mateo, del Mathews y, por asunto de grafía, el Conton de Compton.
Los esclavos africanos de la colonia sólo tenían nombres, muchos castellanizados, y ninguno apellido porque la cultura africana tampoco tenía alfabeto y no trajo la regla del apellido o los esclavistas no se ocuparon de averiguarlos.
Además, cómo traducir al castellano los voces onomatopéyicas de las lenguas africanas.
Nicolás Guillén, el poeta cubano, desarrolló en un largo poema, que tituló por supuesto El apellido, el dilema del negro esclavo que tomaba el apellido de su amo cuando ganaba su libertad.
El poeta dejó escritos el dolor y la duda del apellido que nos faltaba a los negros del Caribe.

