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 El presidente haitiano Michael Martelly quiere reinstalar al ejército de su país.  ¿Para qué?  ¿Para combatir la ocupación del ejército extranjero de Naciones Unidas, el llamado Minustah?

 No.

 El presidente Martelly, como tantos y tantos otros presidentes de su país, quiere al ejército para organizar otra maquinaria de dominio y represión y perpetuarse en el poder como Francois “PapaDoc” Duvalier y su hijo y heredero y casi todos los demás en la historia.

 No puede ser otra la intención de quien, ya con varios meses de gobierno, ha limitado su acción de manera casi exclusiva a la expresión del deseo de que vuelvan a organizarse las fuerzas armadas haitianas.

 Con un país devastado por un terremoto y donde desde antes no hay alimentos, agua, educación y esperanza para la gente, a este caballero lo que se le ocurre es la idea de recrear al ejército para tratar de liberarse de la ocupación militar de UN y quedar a sus anchas para establecer otro de los tantos regímenes autoritarios de uso y costumbre en el país.

 ¿Engañará Martelly a las Naciones Unidas”

 ¿Podrá embaucar a un mundo que conoce la realidad de Haití?

 En último caso, el presidente haitiano, como los presidentes dominicanos, podrá argumentar que sus vecinos del Este cuentan con un ejército de tierra, aire y mar que constituye un “peligro” o una “amenaza” para la soberanía haitiana.

 ¿En qué momento de la historia de 1844 acá se registró un atentado militar dominicano contra Haití?

 El presidente haitiano no tiene argumento pero eso no quiere decir que dejaría de utilizar lo del “peligro” o la “amenaza” para la soberanía e integridad de su país del ejército dominicano.

 ¿Por qué Martelly, ya en el poder, no se ocupa de organizar a los haitianos de suerte que protagonicen una campaña de movilizaciones y protestas para poner fin de la invasión y ocupación militares de las NU?

 Lo que el presidente haitiano quisiera es reeditar la experiencia de otros muchos autócratas y dictadores haitianos quienes, con el apoyo de poderes extranjeros como el norteamericano, establecer un ejército y sobre esas tropas constituir un ejercicio continuista sin freno para la corrupción y el atraco al erario y sin control para la violación de los derechos humanos.

 ¿En qué medida es culpable de la tragedia haitiana un mundo “civilizado” que la ve sin protestar y sin tratar de evitarla?

 ¿Por qué no ha podido comenzar, si los fondos están ahí, los planes de reconstrucción tras el terremoto del 12 de enero de 2010.

 


 

El Nacional

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