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Fábricas  de cemento

Entre 1950 y 2005 operó en el norte de Santo Domingo la Fábrica Dominicana de Cemento, hasta 1961 “propiedad” del tirano Rafael Trujillo y testaferros.

 En 2005 ya estaba en bancarrota. Liquidó sus acciones y el Estado se unió con capitales dominicanos y extranjeros para continuar la producción en Najayo.

 Cuando se adquirió a mediados de los cincuenta, las maquinarias de la FDC no eran nuevas. En ese entonces, además, no había la menor protección para el medio ambiente con relación a industrias que operaban en la ciudad y en otras de provincias.

 De azoteas de Santo Domingo, en horas de la mañana, podía verse la nube de humo y polvo que desde las chimeneas de la Fábrica cubría a toda la ciudad.

 Aunque la nueva compañía mixta que se formó en 2005 se trasladó a Najayo con parte de la vieja maquinaria, ésta fue renovada e importantes unidades y piezas debieron ser adquiridas e instaladas.

 La Fábrica tenía que cumplir con un programa de protección ambiental, previo estudio de impacto por los especialistas que no había en 1950 y que ni siquiera tenían vigencia en las naciones civilizadas y desarrolladas del mundo.

 Quizá mucha de la gente que opina hoy acerca de las industrias que funcionan cerca de las ciudades dominicanas lo hace con el parámetro de las que se instalaron durante la tiranía de Trujillo y en los años posteriores.

 La Sociedad Industrial Dominicana, una fábrica múltiple que opera en el norte de la capital ha modernizado sus maquinarias y cuenta en sus mecanismos y chimeneas con artefactos y filtros que garantizan protección ambiental. Se produce contaminación, porque no es aire puro lo que sale por esos escapes. pero es mínima porque la tecnología ha trabajado y trabaja en ese sentido como en otros, para la protección de la vida humana y vegetal alrededor.

 Es posible que muchos de los que se oponen a la construcción de la cementera de Gonzalo, propiedad del Consorcio Minero Dominicano, partan de parámetros “científicos” de hace cincuenta años para “fundamentar” sus opiniones.

 Esa fábrica de cemento, con maquinaria de la última tecnología, está a unos 34 kilómetros de la zona protegida del Parque Nacional de Los Haitises pero dicen sus opositores que a esa distancia llega lo que llaman “zona de amortiguamiento”.

 Ese término se escucha por primera vez en los últimos cuarenta años y no se tuvo para nada en cuenta cuando se delimitó el área en kilómetros de los distintos parques nacionales del territorio.

 Resultaría, ahora, que esa delimitación tiene que extenderse unos cincuenta kilómetros a la redonda más allá de los límites que los ecologistas nacionales y extranjeros establecieron en la ley para las zonas protegidas.

El Nacional

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