Opinión

AL DÍA

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El padre Adames

Compartí muy joven experiencias inolvidables con el padre Roque Adames, que lo era también.

 Más tarde, en la entonces Universidad Católica Madre y Maestra donde era rector, compartimos otras.

 Pudiera decir que la mitad de todas ellas son mías pero debo decir que la otra mitad le pertenecían a él.

 ¿Me facultaría algún derecho para contar esas experiencias que serían mías sólo en su mitad?

 En algún momento, ya él Obispo Emérito y yo con muchos años a cuestas, pensé en reunirme con él para discutir acerca de esos recuerdos y saber cuál era su percepción acerca de ellos.

 Por una razón u otra no encaminé la gestión de juntarnos. Y pasó más tiempo.

 El padre Adames ya no era rector de la UCMM cuando regresé al campus para la puesta en circulación del libro de una amiga,

 Habían transcurrido veinte años del momento de mi expulsión del centro de estudios.

 Nos vimos en el salón de actos de la Biblioteca, nos saludamos y volvió a ocurrir el “como decíamos ayer” del intelectual español extrañado de su cátedra por la incomprensión de los hombres.

 Ya él había sufrido un quebranto serio pero me lució recuperado y en pleno uso de todas sus facultades.

 Hace siete u ocho semanas decidí ir a verlo.

 Con el padre Darío Taveras y el historiador Bernardo Regino formé el trío de la expedición a Gurabo y allá llegamos.

 Volví a ver al padre Adames. Nos apretamos las manos por largo tiempo y, al ver sus ojos grandes fijarse en mí, recordé que una de sus características era despojar a sus interlocutores de la posibilidad de mentirle por esa mirada redonda, profunda y firme.

 El apretón de manos, al despedirnos, fue más fuerte y prolongado.

 Unas semanas después de la visita, una llamada de Bernardo me informó de su muerte. Él, a su vez, había sido enterado por una visita que le hizo el padre Darío.

 Y se produjo en mí el juego de pensamientos cuya conclusión quedó escrita en los primeros párrafos.

 Sí. Compartí experiencias inolvidables con el padre Adames, en dos ocasiones importantes de nuestras vidas, pero la de esos acontecimientos es una memoria que compartíamos el pastor y yo.

 Desaparecido él, no creo que me ampare derecho alguno para ofrecer la versión individual de una percepción de los dos.

El Nacional

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