Opinión

AL DÍA

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1930-1961: sangre y sombra

La historia científica y crítica no reconoce a las tiranías siquiera una acción de luz.

 La tiranía es sombra. Solo sombra y sangre.

 No la reconoce al régimen nazi de Adolfo Hitler en Alemania.

 Ni al fascismo de Benito en Alemania.

 Ni al oscurantismo de Francisco Franco en España.

 Ni a Juan Manuel de Rosas en Argentina.

 Ni a Gerardo Machado y Fulgencio Batista en Cuba.

 Ni a Juan Vicente Gómez en Venezuela.

 Ni a Gaspar Rodríguez de Francia y Alfredo Stroessner en Paraguay.

 Ni a Anastasio Somoza en Nicaragua.

 Ni a Rafael Trujillo en la República Dominicana.

 La tiranías no se discuten.

 Se estudian y se escribe acerca de ellas para que los pueblos, no importa la coyuntura que vivan, no permitan que se repitan.

 Mientras se robaba el país con todo y erario, Trujillo sembró de las tumbas de sus adversarios el territorio y sobrepobló las cárceles con la prisión de esos adversarios.

 Llenó el extranjero de exiliados y no se cansó de violar uno por uno y todos los derechos del ser humano.

 Jamás respetó la dignidad, el honor y el nombre de las personas, aún los de sus secuaces más íntimos, lacayos sin siquiera un asomo de dignidad y honor .

 Y consumó contra el pueblo un proceso de envilecimiento del que, a casi cincuenta años de su ajusticiamiento, no se recupera todavía.

 Trujillo convirtió a las Fuerzas Armadas y a la Policía en una banda de asesinos, a algunos de cuyos miembros especializaba en organismos de espionaje y persecución políticos que encubría bajo el nombre de cuerpos de “inteligencia”.

 Y al cuerpo diplomático y consular en ente de espionaje para la delación, persecución y asesinato de los adversarios de la tiranía.

 Y llevó a sus lacayos a los más tristes extremos de la indignidad y el deshonor al convencerlos de que era un deber patriótico ofrecer sus esposas, hijas y hermanas para saciar sus patológicas ansias sexuales.

 Las tiranías son aberraciones históricas y como tal las estudia la historia científica y crítica que no les reconoce siquiera un segundo de luz y las condena como períodos de sombra, injusticia e indignidad.

 Las tiranías sólo son sombra y sangre. La más espesa de las primeras y la más inicua de las segundas.

El Nacional

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