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El Presidente y la corrupción

A principios de diciembre del año pasado, el presidente Fernández habló acerca de la posibilidad de que Naciones Unidas y otros organismos internacionales formen una comisión para investigar y establecer la estructura de la corrupción en el país.

 La iniciativa obtuvo sus pro y sus contra aunque, dicho con objetividad, más contra que pro.

 El objetivo del Presidente fue el de aparecer ante la opinión pública colocado al frente de la lucha contra la corrupción, con una decisión tal que no confiaría el trabajo a instituciones del gobierno del Estado que dependen y son subalternas suyas sino de organismos internacionales con los que no tiene otra vinculación que la institucional.

 No parece que ese objetivo fuera logrado.

 Lo que mucha gente comentó es que para arreglar las cosas en la propia casa no puede buscarse al vecino.

 La lectura menos simple de la declaración de Fernández fue la de que, en conocimiento de que la corrupción de todo tipo –para utilizar la jerga de la pelota- “le pica cerca” o es “un foul que se le pega”, habría decidido esquivar la responsabilidad frente a cercanos colaboradores y amigos y dejar que fueran los organismos internacionales los que lo hicieran.

 Tal y como resolvió con el problema de la cementera de Gonzalo, dejada en manos de expertos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), entidad que al final descartó la posibilidad de que la industria se instalara en esa comunidad cercana a la zona protegida de Los Haitises.

 (Estuvo claro, desde un principio, que el presidente Fernández y su secretarío de Medio Ambiente, Jaime David Fernández Mirabal, habían dado su visto bueno a la instalación de la fábrica de cemento a 32 kilómetros de distancia del parque nacional).

 La comisión del PNUD facilitó tanto al Presidente como al Secretario el agua más bendita para que ambos lavaran sus manos ante los amigos y relacionados a los que habían concedido ese permiso de instalación y operación.

 Y ahora, con el problema de la corrupción, ocurriría otro tanto.

 Si la comisión internacional establece los mecanismos y responsabilidades de la corrupción y señala por sus puestos, nombre y apellidos a los principales culpables, el presidente de la República y del Partido de la Liberación recibirá otra “ponchera” de agua bendita para lavarse las manos ante posibles amigos y colaboradores señalados.

 Dicho sea no de pasada, esta lectura de la declaración presidencial es la más racional y razonable de cuantas han sido tema de columnas y comentarios de periodistas y comentaristas de radio y televisión.

 Porque, además, es una pista de que el presidente Fernández pudiera tener una idea clara acerca del problema y sus protagonistas.

El Nacional

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