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FFAA: aquí está el lobo

2.- Casi cincuenta años después, las Fuerzas Armadas y la Policía, de entidades parasitarias del presupuesto cuyo monstruoso monto siquiera se explica, han pasado a ser una agencia de tráfico de influencia para sus mandos y miembros y de venta de servicios y protección a los negocios de la clase dominante.

 La “institucionalización” de esos organismos les permitió convertirse en un partido político que no corre ninguno de los riesgos de éstos pero que percibe todos sus beneficios del poder para extorsión y corrupción.

 Las FFAA y la PN no tienen la necesidad de concurrir a elecciones. Tienen su mando y sus mandos, alternados entre ellas mediante un “escalafón” violado sólo por el presidente de la República cuando necesita poner a una de su gente al frente de la secretaría de Estado y de las jefaturas de Estado Mayor.

 Pero la estructura de corrupción en los cuerpos militar y policial funciona a manera de “institucionalización”. Aparte de capacitación y entrenamiento mínimos, el militar y el policía son “profesionales” dedicados con exclusividad a la generación de utilidades para su bienestar y enriquecimiento.

 De subalternos de la clase dominante han pasado a ser socios. Igual que los políticos, que siguieron el ejemplo y decidieron independizarse en lo económico a través del dinero inagotable de la corrupción con los fondos del Estado.

 Entre 1966 y 1994, 22 años de dominio de su despotismo ilustrado, el neotrujillismo de Joaquín Balaguer determinó que el “desarrollo” de las FFAA y la PN fuese tal y como se describe en los párrafos anteriores.

 Con el agravante –si puede utilizarse el término-, de que el caudillo exigía a militares y policías una lealtad que debía manifestarse mediante el crimen y el asesinato políticos.

 Durante la revolución constitucionalista y guerra patria de 1965, frente a la invasión militar de Estados Unidos y a la subordinación de militares y policías al invasor, se escucharía por última vez en el país el postulado de la necesidad de reducir y adecentar a las FFAA y de tecnificar a la Policía.

 Las persecuciones, encarcelamientos, deportaciones y asesinatos en masa de políticos constitucionalistas, democráticos y revolucionarios fueron el método impuesto y seguido por los norteamericanos y Balaguer para “tranquilizar” al país y evitar la más remota posibilidad de una rebelión cívil y militar como la de aquel año.

 Al lado del caudillo neotrujillista se creó una oligarquía de generales y otros altos oficiales, subalternos hasta la sumisión y corrompidos hasta la médula, que se convirtió en la primera fuerza de conservación del poder y de establecimiento de la “democracia representativa” más peculiar del mundo.

 Balaguer convocaba a elecciones cada cuatro años pero las ganaba mediante los fraudes en los que se especializó.

El Nacional

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