De Cámara y cuentos
El sábado 8 de noviembre, la columna se escribió bajo el título de Otra Cámara de cuentos.
Conviene reproducir sus seis primeros párrafos:
El presidente Fernández tenía todavía nueve problemas de campaña electoral y los resolvió con sus recomendaciones para que el Senado le designara a los miembros de la Cámara de Cuentas.
Y ahí están, el mismo tipo de persona de la anterior. Gente en la que no se puede confiar.
¿Quiénes son?
Políticos con expedientes que no los recomiendan e individuos del quehacer profesional en el sector privado quienes no se han destacado por hacerlo mal pero tampoco por hacerlo bien.
Mediocres, se les pudiera llamar, exaltados a una investidura de árbitros y jueces para la que no están capacidados en los órdenes profesional y ético.
Pero a ver cómo salen.
Hace un par de semanas, la presidenta de la Cámara, Liselotte Marte, apareció en los medios para revelar gran cantidad de trabajo acumulado en el organismo.
Era una especie de alfombra roja o quid pro quo para justificar lo que venía y se sabría días después.
Los miembros de la Cámara se aprobaron la regalía pascual completa más un incentivo, éste no para pagar el trabajo hecho sino el que había por hacer, de acuerdo al cúmulo de que había hablado la presidenta Marte.
Y el escándalo explotó en los medios.
Cada uno de estos ¨patriotas de la patria se autorizó el pago de 281 mil 963 pesos con sesenta centavos, de acuerdo con una primera crónica de Clave Digital del 19 de diciembre pasado.
Después se agregó lo del incentivo.
Aparte de la presidenta Marte, los miembros son Pablo del Rosario, Iván Rondón Sánchez, Juan José Heredia Corporán, José Nicolás Almánzar, Jorge Suncar Morales, Pedro Ortiz Hernández, José Attías Juan y Juan Luis Séliman.
Pájaros de cuentas, los bautiza Luis Arthur en su columna de El Caribe del 26 de mes y año pasados.
Porque en resumidas cuentas y sin cuentos, no hubo que esperar mucho tiempo para que los miembros de la Cámara aparecieran en público tal y cual son.
La columna del 8 de noviembre abrió un compás de espera. Ni tuvo que esperar sentada ni se cansó. Al perro huevero dice el refrán- ni que le quemen el hocico.
(La devolución de la suma apropiada es la confesión de los nueve miembros de la Cámara. Relevo de pruebas, pues, para la sentencia que ya dictó la sociedad, cúmplase o no).

