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“La raya en el corazón

   A la memoria de Jacques Viau.- Así se tituló uno de los ensayos de Héctor Incháustegui Cabral acerca de lo que en el país se denomina “el problema fronterizo”.

 No habría mejor definición.

 Como la isla, cada haitiano y cada dominicano tienen el corazón dividido y unido por la frontera que separa a una nación de la obra.

 A pesar de su infortunio histórico, Dominicana ha podido desarrollarse y sacudirse de las tiranías y dictaduras de individuos que han tratado de convertirla en finca para provecho personal.

 No así de una clase dominante colonialista y explotadora que retranca su crecimiento y liberación. Pero avanza. Y más tarde o más temprano, “algún día ahorcan blancos…”.

 Haití no ha tenido esa suerte.

 Nación que es madre dos veces de la abolición de la esclavitud en la parte Este del territorio -1801 y 1822-, primer país que sacudió las cadenas de su estatus colonial en 1804, el avatar de su historia no puede ser más negativo.

 Con excepción de Toussaint Louverture, de sus grandes líderes en  el poder devinieron dictadores y tiranos hasta con títulos de emperador y rey.

 Para desembocar hoy en un Estado sin Estado, gobernado por una ocupación de Naciones Unidas –de Estados Unidos, mejor dicho-, cuyas características socioeconómicas y políticas son las más lamentables del mundo.

 El haitiano, en su inmensa mayoría, es indocumentado.

 Y no hay siquiera asomos de instituciones en el país vecino.

 A las devastaciones de los colonialistas, mediante la explotación sin misericordia de hombres y recursos –enormes latifundios llamados habitaciones-, se sumó la de la gente pobre de pueblos y campos que necesita sustento.

 Una vista aérea del conjunto ofrece, al Oeste, el panorama despértico de la desolación y, al Este, la postal multiverde de un territorio tropical paradisíaco.

 Pero se trata de la misma isla.

 Una isla con una raya de 385 kilómetros que también se marca en el corazón de sus habitantes haitianos y de sus habitantes dominicanos.

 Y así las cosas, el terremoto del 12 de enero.

 Centenares de miles de vidas perdidas. Puerto Príncipe en el suelo. La actividad económica paralizada. Cadáveres y ruinas.

 El mundo desarrollado ha sido sacudido por esta tragedia.

 Nace la posibilidad de que esa capital y todo el país puedan renacer de unas cenizas dispersas hace ya mucho en el polvo de la inexistencia.

El Nacional

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