El bien no hace ruido. El ruido no hace bien.
A la memoria de Mario Beaulieu y Joseph Rone
Frente a la tragedia de Haití y a la avalancha de ayuda dominicana e internacional que se vuelca sobre la nación, el matutino ´´Diario Libre utilizó la frase como advertencia.
Acertada como dicen que da el martillo sobre el clavo.
El bien no hace ruido. El ruido no hace bien.
Millones de dólares en alimentos y medicinas desde las naciones más y menos favorecidas del mundo.
Cuba liberó su espacio aéreo para que las naves norteamericans ahorrasen 90 minutos en su trayecto de ayuda aérea de Guantánamo a Puerto Príncipe.
Y el pueblo, el gobierno y otras instituciones dominicanas han expresado de manera masiva su decisión de ayudar.
Desde el mismo día 12 del terremoto, lucía la nacionalidad criolla lo primero de solidaridad que se vio en Puerto Príncipe y en sus espacios aéreo y terrestre.
Desde ese mismo día, Haití no tiene gobierno ni fuerza multinacional de ocupación ni iglesia católica ni institución de tipo alguno.
El jefe de la Minustah murió durante el sismo, lo mismo que el arzobispo y el obispo y cerca de 100 sacerdotes y seminaristas.
El Palacio no resistió al terremoto ni la casa del presidente René Preval ni la casa de sus padres.
Parece que no sólo hay ese aspecto de la tragedia sino que en este momento, cada haitiano tiene a un familiar o amigo cuya muerte lamentar.
Pero en medio de la ola de solidaridad que se levanta en el país dominicano, uno que otro oportunista que trata de lucrarse con ello. Como ocurre en casos similares.
El diputado Ito Bisonó logra la donación de 20 mil botellas de agua para Haití pero llama a una radioemisora para notificarlo. Que tu mano derecha no sepa lo que hace tu derecha. El precepto religioso es pisoteado por quienes se dicen cristianos y religiosos.
Y lo mismo ocurre con otros políticos y dependencias, algunas municipales, otras estatales y otras. Lo importante no es ayudar sino que se sepa que se ayuda.
Esa gente pequeña y mezquina hizo que Diario Libre titulara como tituló:
El bien no hace ruído. El ruído no hace bien.
En Haití, mientras, ha urgido la necesidad de una fuerza de orden y reconstrucción, el Minustah, que sólo hay perdido a su cabeza y a varias docenas de miembros, y la colaboración internacional.
Alimentos, médicos, medicina, agua y orden que sólo puede imponerse con uniformes, fusiles y transportación detrás de los cuales haya sólo un sentimiento de solidaridad.

