Los árabes somos nosotros
Hace no mucho tiempo, Hamlet Hermann escribía y comentaba entre amigos la frase que escuchó en una de esas raras películas norteamericanas contestatarias.
Un joven ejecutivo, alarmado, comentaba con el viejo empresario el problema que representaba para el capitalismo del mundo el precio fijado por los árabes al petróleo.
Eran los momentos, hasta hace unos días, en que el petróleo había subido de 15 y 20 hasta 140 dólares el barril.
El viejo empresario escuchó con paciencia al joven ejecutivo y, para que lo supiera y se tranquilizada, utilizó la frase de la cita de Hermann:
Los árabes somos nosotros.
Quizá algunas personas entendieron que la referencia escrita y comentada por los columnistas era cuestión de radicales, más radicales en la medida en que son más viejos.
Pero esa apreciación pudo tener vigencia hasta que estalló la crisis del capitalismo norteamericano: quiebra de instituciones financieras, descalabro de la economía inmobiliaria, amenaza de bancarrota, nada más y nada menos que de la todopoderosa industria automovilística, y fraudes bancarios.
Tan pronto el mundo conoció de la crisis, y empezó a padecerla porque la influencia económica y financiera de Estados Unidos determina que cuando ese país tiene un catarro el resto está postrado con pulmonía, el petróleo empezó a bajar.
(El gobierno norteamericano elaboró un programa de rescate de 700 mil millones de dólares pero en estos días, la industria automovilística amenaza con declararse en quiebra porque ella sola precisa de 500 mil millones para superar la crisis).
Los árabes somos nosotros.
En varios de sus documentales, que entre los capitalistas, la gente de Wall Street y los economistas y políticos de la derecha tienen el peor de los sabores, Michael Moore ha demostrado que los Bush, George junior y George Senior, el primero presidente y el segundo former president de Estados Unidos, están vinculados de manera cercana al negocio petrolero y aliados, para no ir más lejos, de los jeques y califas e imanes del petróleo de Arabia Saudita.
Los árabes somos nosotros.
No eran los musulmanes, esos terroristas, quienes tenían al mundo en jaque con la escalada alcista de los precios del petróleo que acogotaba no sólo a los países pequeños sino a los grandes, sino el gran capital norteamericano y del mundo que ya no es nacional sino multinacional y transnacional.
La cita de la frase no fue, pues, como demuestran los hechos del petróleo a 36 dólares el barril y bajando, un resabio de viejos radicales, más radicales por viejos.
Los árabes somos nosotros es una lección que debe aprenderse, como debió aprenderla el joven ejecutivo desde el cinismo socarrón del veterano empresario que le transmitió así parte del Phd de la experiencia.

