El PRD: demócratas o no
En el Partido Revolucionario hay una cantidad de dirigentes, sedicentes demócratas que no lo son. En su inmensa mayoría, políticos tradicionales, inorgánicos porque a la hora de las convenciones no han demostrado fuerza de representatividad alguna.
El golpe de las elecciones de 2004, cosecha de los desaciertos del entonces presidente Hipólito Mejía y su grupo, determinó que la convención para buscar candidato hacia el 2008 se realizara sin problemas mayores.
Eso sí, los dirigentes que perdieron frente al 80 porciento que obtuvo Miguel Vargas Maldonado, no aceptaron nunca su derrota y, en consecuencia, como no trabajaron para el candidato de su partido, trabajaron para el contrario.
Conducta que marcaron también el presidente y secretario general, Ramón Alburquerque y Orlando Jorge Mera, quienes llegaron al puesto con el apoyo de una mayoría de dirigentes que, entonces, seguía a Mejía.
Comoquiera, aunque sólo con su fuerza interna y con la que pudo reunir en las calles a pesar del descrédito que todavía arrastra el PRD como resultado del desastre del mandato de Mejía, el candidato llegó a un 40 porciento del favor del electorado.
Alumno de esa enseñanza, Vargas Maldonado ha entendido y aceptado la necesidad de construir la unidad del PRD desde la presidencia de la organización, en la mira el objetivo de ganar también la candidatura para 2012.
¿Por qué, además?
Porque Mejía, quien narcotizado por el incienso de sus usufructuarios cree que es el sucesor de José Francisco Peña Gómez, trata de volver a imponerse en la presidencia y secretaría general del PRD y hasta optar después por la candidatura presidencial.
Así las cosas, y porque los medios le dan la atención de un expresidente y no la de un dirigente político de arrastre, aunque él crea y quiera creer lo último, Mejía está en campaña y en la calle para demostrar que en el PRD él es el chivo que más orina y quien quita y pone a los dirigentes del partido y al candidato presidencial.
Pero ya la pava no pone donde ponía.
La indolencia de Mejía y sus adláteres ante la candidatura de su partido que ostentó Vargas Maldonado, la misma de los eternos precandidatos que no aceptaron la derrota porque juraron para sí que las bases se equivocaron, dejaron solo a Vargas Maldonado quien, con sus propias fuerzas internas y las que pudo conquistar fuera, llegó a un 40 porciento de la votación de mayo del año pasado.
En el PRD de este momento no hay amenaza de escisión y de división sino la realidad de una convención a principios del año para escoger al presidente y a los secretarios general y de organización.
Mejía y su gente tienen la oportunidad de probar en esa consulta con quién están las bases del PRD, aunque la posibilidad más cierta que enfrentan es la de recibir de nuevo el castigo por la chabacanería 2000-2004, agravada ahora por su indolencia frente a la candidatura partidaria en 2008.

