Opinión

Alaska/dominicanos

Alaska/dominicanos

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Durante nuestra travesía por Alaska, la dominicanidad estuvo presente en todo momento, revelándose positivamente a través de la gente, las joyas, las bebidas, la música, los bailes, la ropa, etc.

De igual manera, a diferencia de décadas anteriores, muchos de los extranjeros con los que conversamos, conocen o han escuchado de nuestro país.

En la excursión había dominicanos e hicimos empatía con una familia residente en Utah, cuyos hijos nacieron allí, pero se conciben como dominicanos; son bailadores muy entusiastas y se quedaban con nosotros hasta cerrar la pista de baile.

Ya lo dijo el pelotero Delli Betances “Los dominicanos nacemos donde nos da la gana”.

Los pasajeros, en su mayoría eran anglosajones, y la tripulación de diferentes nacionalidades, pero, sobre todo, filipinos, e indonesios (ningún dominicano).

Aun así, las clases de baile que promocionaban como parte del entretenimiento eran bachata, merengue y salsa. Igualmente, cada día se proponía una bebida y dentro de su clase, el ron Brugal era el gran protagonista.

En las ciudades que descendimos, había muchas joyerías que exponían el Larimar con el nombre de “Marylago Larimar”.

¿Será que Trump está invirtiendo en Barahona? Se encomiaba como la joya del Caribe, aunque erróneamente decían provenía de “Dominica”.

Su belleza resultó irresistible ante los ojos de mi dulcinea, que adquirió una medalla con forma de cola de ballena. El T-shirt que compramos decía “Made in DR”.

La comida en el crucero era excelente y muy variada. El salmón en sus cinco diferentes tipos siempre estaba presente. ¡Un día en el buffet, encontramos arroz y habichuela guisada, solo faltaron los aguacates.

Fue en ese momento que comprendí porque ahora los llaman el “oro verde”.

En la ciudad de Anchorage hay una numerosa colonia dominicana que vive conforme con el clima frío, con tal de tener mayores oportunidades de trabajo y menor costo de vida.

Allí nos despedimos del viaje, con un temblor de magnitud 5.4, que no nos causó ningún espanto porque estábamos acostumbrados a los movimientos del barco.

En conclusión, el crucero por Alaska fue una gran experiencia de vida, que terminó sensibilizándonos sobre la necesidad de proteger el medio ambiente e invitándonos a reconocer a estos conciudadanos que diseminan nuestras costumbres en tierras tan lejanas. Si Usted puede, ¡haga ese viaje!

El Nacional

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